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El poder, los símbolos y el esoterismo: el universo místico que rodea a los hermanos Milei y el «caballo blanco» que tiró al granadero

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Redacción | Desde su llegada a la Presidencia, Javier Milei no solo alteró el tablero político argentino con un discurso rupturista y confrontativo. También expuso — de manera explícita o implícita — un universo simbólico y esotérico poco habitual en la política contemporánea, donde los sueños, las profecías, los animales totémicos y los episodios cargados de significado ocupan un lugar central en el relato del poder.

En ese entramado, su hermana y secretaria general de la Presidencia, Karina Milei, aparece como una figura clave. No solo por su rol político dentro del gobierno, sino como custodio y sostén de una narrativa que mezcla convicciones personales, mística y una idea de destino histórico que atraviesa al presidente desde antes de su irrupción electoral.

Conan, el consejero invisible desde el más allá

Uno de los elementos más llamativos de ese universo es la figura de Conan, el perro fallecido de Milei, a quien el propio presidente clonó y ha mencionado en reiteradas oportunidades como una presencia orientadora. Según relató públicamente, Conan continúa “aconsejándolo” y transmitiéndole mensajes sobre el camino a seguir.

Lejos de tratarse de una anécdota aislada, el perro se convierte en una especie de oráculo íntimo, un símbolo de guía espiritual que refuerza la idea de que las decisiones no responden únicamente a la lógica técnica o política, sino también a una dimensión personal y trascendente. En el relato libertario, Conan deja de ser una mascota para transformarse en un emblema, un horizonte para el despegue de Argentina.

Sueños de gladiadores y batallas solitarias

A ese componente se suman los sueños que Milei ha contado en entrevistas y apariciones públicas. En algunos de ellos, el presidente se ve a sí mismo como un gladiador combatiendo en el Coliseo romano, una imagen potente que refuerza su autopercepción como luchador solitario, dispuesto a enfrentar a un sistema hostil, rodeado de enemigos y resistencias.

La metáfora del gladiador encaja con la épica que Milei construyó desde la campaña: un hombre solo contra “la casta”, dispuesto a soportar el sacrificio personal en nombre de una misión superior. El sueño, en este sentido, funciona como legitimación simbólica de su estilo confrontativo y de la lógica del conflicto permanente.

El “Hombre Gris” y la profecía nacional

Otro de los elementos que orbitan alrededor del presidente es la recurrente asociación con la figura del “Hombre Gris”, surgida de las psicografías del artista y vidente argentino Benjamín Solari Parravicini. Aunque Milei no se proclamó explícitamente como tal, dejó circular esa identificación, que fue adoptada y amplificada por sectores de su militancia y potenciado por Santiago Caputo, asesor de prensa del gobierno.

El “Hombre Gris” representa, en la tradición profética, a una figura destinada a emerger en tiempos de crisis para refundar el país. En clave política, esa lectura refuerza la idea de Milei como un dirigente predestinado, llamado a cumplir un rol histórico más allá de los vaivenes coyunturales.

El caballo blanco y la caída del granadero

El simbolismo también se coló en actos oficiales durante el fin de semana en San Lorenzo, Santa Fe. Durante el traslado del sable corvo de José de San Martín desde el Museo Histórico Nacional al Regimiento de Granaderos a Caballo, un episodio llamó la atención: un granadero montando un caballo blanco cayó frente al presidente que se encontraba en el palco oficial. El hecho, fortuito y sin consecuencias graves, fue rápidamente leído por algunos como una “señal”, una imagen cargada de resonancias históricas y místicas.

El caballo blanco, asociado desde la antigüedad a conquistas, sacrificios o cambios de era, y la caída ante la figura presidencial, alimentaron interpretaciones que circularon con fuerza en redes sociales y espacios afines al oficialismo.

Política, fe y relato

Nada de esto constituye prueba de hechos sobrenaturales ni puede leerse como causalidad política ni mucho menos. Pero sí revela algo más profundo: la construcción de un relato de poder donde lo simbólico, lo espiritual y lo político se entrelazan. Un relato que el propio presidente habilita, narra y sostiene, y que sus seguidores resignifican como confirmación de un destino excepcional.

En tiempos de incertidumbre, la historia demuestra que los liderazgos suelen apoyarse en mitos, símbolos y relatos fundacionales. En el caso de Milei, esa dimensión aparece de forma explícita, pública y persistente. La pregunta que queda abierta no es si esas señales existen, sino cuánto pesan —y cuánto seguirán pesando— en la manera en que se ejerce el poder en la Argentina actual.

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