El recuerdo de la dramática tarde del 25 de junio de 2017 y la solidaridad de toda una comunidad: a dos años de la tragedia de la Cuesta

Todavía resuenan en la cabeza de muchos sanrafaelinos las decenas de sirenas de los vehículos de emergencia que en la fría tarde del domingo 25 de junio de 2017 iban y venían por las principales avenidas de San Rafael. El origen era la Ruta Nacional 144, en la “Cuesta de los Terneros”, y el destino el hospital Schestakow, donde sus médicos y enfermeros se preparaban para largas y tristes horas de atención y, sobre todo, contención.
En cercanías al desvío de Sierra Pintada, había volcado un colectivo doble piso que transportaba a integrantes de una escuela de danzas de Buenos Aires y familiares. Luego se supo que se trataba de “Soul Dance”, una academia del partido bonaerense de Malvinas Argentinas. Tras una maniobra que hasta hoy no tiene demasiada lógica, el chofer Jorge Damián Pinelli perdió el dominio del ómnibus, chocó contra el costado del cerro y provocó el vuelco del vehículo, que arrastró durante varios metros del pavimento.
Cuando llegaron los primeros policías y médicos, el panorama era desolador e inédito para la mayoría de quienes concurrieron al lugar en auxilio de las víctimas. Había fallecidos, pero también muchos heridos y para salvarles la vida hubo que actuar rápido, sin cometer errores y con el objetivo de llegar lo antes posible al hospital Schestakow, el único centro asistencial apto para recibir a tantas personas lesionadas.
Las noticias que llegaban desde la Cuesta eran abrumadoras y también confusas. Si algo no funcionó bien aquella tarde-noche del 25 de junio de 2017 fue la comunicación respecto a víctimas, ya sea fallecidas o heridas, situación que generó tensión fuera del hospital y más aún en familiares que, a mil kilómetros de distancia, buscaban saber qué había ocurrido.
Recién pasada la medianoche, ya durante los primeros minutos del lunes 26 de junio, se confirmó que las víctimas fatales habían sido 15: el chofer y 14 pasajeros, entre los que había niños, adolescentes y adultos. El dolor era la máxima expresión en cada opinión, en el rostro de cada persona que debió trabajar en relación a la tragedia, desde personal que integró el comité de emergencia hasta los trabajadores de prensa que debieron cubrir tan dramática noticia.
A medida que transcurrían las horas, empezaban a conocerse las historias de quienes viajaban en el colectivo. Allí cobró trascendencia la figura de Roque Arias, quien llegó desde Buenos Aires con la ilusión de encontrar a su hija Valentina entre las sobrevivientes, luego de haber recibido esa noticia desde nuestro departamento. Sin embargo, cuando ingresó al hospital le comunicaron que Valentina había fallecido, lo que generó una inmediata crisis de nervios en el papá, la que exteriorizó delante de quienes se encontraban fuera del hospital, cubriendo para medios de comunicación, locales, provinciales y nacionales lo que ocurría en nuestra ciudad y, particularmente, en el hospital.
La historia de Roque se sumó a muchas otras de papás y mamás que perdieron a sus hijos en la tragedia u otros familiares que también eran parte del contingente. No pudieron dejar de venir a San Rafael después de lo sucedido y así se generó un grupo que creó un santuario en el lugar donde ocurrió el incidente. A las víctimas se las bautizó como “Los Ángeles de la Cuesta”.
A quienes sobrevivieron a la tragedia y tuvieron la fortuna de no sufrir heridas de consideración, se los contuvo, mediante asistentes sociales y psicólogos, en el albergue municipal de calle El Pino. Hasta ese lugar, además del trabajo de funcionarios municipales y provinciales, llegaron donaciones de muchos sanrafaelinos que desinteresadamente decidieron colaborar con quienes lo habían perdido todo. Ese enorme gesto de la comunidad local no fue ni será olvidado por quienes vivieron de cerca el drama ni por familiares que, hasta hoy, recuerdan las penosas horas que les tocó vivir después de aquella fatídica tarde del 25 de junio de 2017, en la que San Rafael fue noticia y en la que se registró la peor tragedia vial en la historia del departamento.
Hoy, a dos años de aquella jornada que marcó sus vidas para siempre, familiares y amigos de las víctimas continúan reclamando justicia, amparados por la evidente falta de control que le permitió a la empresa de transporte realizar ese viaje desde Buenos Aires hasta el Sur de Mendoza. Si bien la imputación del chofer, Jorge Damián Pinelli, quedó extinta debido a su fallecimiento, ahora el pedido es que exista una sanción penal y civil contra Jorge Pinelli y Marcia Villagra, los propietarios de Turismo Damián, quienes sin contar con las habilitaciones correspondientes de la CNRT y poseedores de un vehículo que no debía estar habilitado, aceptaron realizar la excursión. Como consuelo, en medio de tanta angustia, semanas atrás se reabrió la investigación, algo que esperanza a familiares quienes, después de las irreparables pérdidas, solo quieren justicia.

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