La problemática de los desechos cloacales en el Gran Mendoza sumó un nuevo capítulo con el colapso del colector de calle Tirasso. Al menos tres socavones y un río de aguas servidas se transformaron en parte del paisaje de una zona, que hoy parece dormida y se encuentra bajo Emergencia Ambiental y Sanitaria.
El colapso del colector cloacal en calle Tirasso, en Guaymallén, no solo generó un problema sanitario y ambiental. También alteró por completo la vida cotidiana de los vecinos y comerciantes de la zona, que desde hace días conviven con la calle cortada, socavones y el avance de las obras para reparar la infraestructura dañada que evacúa las aguas servidas de las cuencas de Buena Nueva, Villa Nueva y Capilla del Rosario.
Las persianas bajas de los negocios se combinan con las ventanas cerradas de las casas de una zona que está intransitable, no sólo por la imposibilidad de circular debido a los pozos y maquinarias, sino por los olores nauseabundos. Entre los más afectados están quienes dependen del movimiento diario de la arteria para trabajar.
“Soy vecino de toda la vida y tengo mi negocio acá desde hace 15 años. La situación es bastante compleja, no solo desde lo económico como comerciante, sino también como vecino por los problemas de movilidad y seguridad que generó el corte de la calle”, explicó Matías Farina, vecino del lugar desde hace años y dueño de un Corralón que se encuentra justo frente a uno de los socavones.
El corte de la calle Tirasso, entre Aquino y Buena Nueva, también impactó en los traslados diarios de los residentes de la zona, especialmente en las primeras horas del día y en los horarios pico. Según contó Farina, muchos deben modificar sus recorridos habituales para poder llegar al transporte público.
“Para tomar el colectivo tenemos que caminar casi un kilómetro hasta las vías bajas, cerca del barrio Suyay o la primera cuadra del barrio Paraguay. Eso cambia toda la rutina de las familias”, señaló.

Los vecinos del barrio Paraguay no pueden ingresar por calle Tirasso y deben ir hasta una de las calles paralelas para llegar a sus viviendas. “Es muy complicado atravesar esas calles ya que son de tierra y están inundadas. Hace unos días, el desborde de los líquidos cloacales llegó a la plaza y pocos metros de la escuela primaria. Los niños que antes tomaban el colectivo o bajaban en Tirasso, ahora deben caminar más de un kilómetro para llegar a clases”, contó Ariel, un vecino del lugar.
Comercios complicados
La transitabilidad de los vehículos y el transporte público hacia y desde la calle Buena Nueva es limitada debido a un río de desechos que se encauza en esa intersección. Los tramos donde se encuentran los socavones son inaccesibles, tanto para los frentistas como para quienes deben circular por el lugar.
En el caso de los comercios, el impacto es directo, las persianas están bajas y algunos pusieron carteles avisando a los clientes que, mientras dure el corte, trabajarán bajo la modalidad delivery. El Corralón Gringo es uno de los más afectados, ya que en el ingreso al comercio, está uno de los socavones más grandes que dejó el hundimiento.
Como otros, el negocio depende de la llegada de camiones para descargar mercadería, algo que hoy resulta casi imposible. “A mí me afectó laboralmente al 100%. Tengo cortado el ingreso por calle Tirasso hacia el norte y hacia el sur, así que los camiones no pueden entrar a descargar”, explicó el dueño.

Para intentar resolver el problema, el municipio habilitó un acceso alternativo por un terreno sin urbanizar, pero los vecinos aseguran que no es una solución real. “Habilitaron una entrada provisoria por unos lotes, pero no es una calle. Cuando llueve queda intransitable y los proveedores directamente no quieren entrar porque no quieren arriesgar los camiones”, detalló.
La incertidumbre frente a los avances en los trabajos de reparación del colector cloacal crecen y los vecinos miran con escepticismo los plazos anunciados. “Me dijeron que la reparación podría demorar cuatro semanas, pero sinceramente lo dudo. Hay otras roturas en la zona que llevan meses sin terminarse”, afirmó un comerciante.
Frente a este escenario, los residentes del sector piden al menos soluciones parciales que les permitan retomar parte de su actividad. Si bien, desde Aysam aseguran que los trabajos llevarán 5 semanas, fuentes vinculadas a Irrigación aseguran que el plazo será mucho mayor.

La situación de los cultivos
El colapso del colector cloacal encendió las alarmas no solo por el impacto ambiental y sanitario, sino también por la posible contaminación de los cauces de riego que atraviesan la zona y abastecen áreas productivas.
Sin embargo, desde la inspección de cauce del Departamento General de Irrigación aseguraron que se montó un operativo para impedir que los líquidos cloacales se mezclen con el agua destinada al riego. “Hemos armado una estrategia con los ingenieros para que no se junten el agua de riego con el agua cloacal”, señalaron desde la inspección de riego Mathus Hoyos.
El cauce que pasa por el sector se denomina canal Tapón Moyano, una de las ramas que deriva agua para el sistema productivo de la zona. Según detalló el funcionario, el recorrido fue modificado temporalmente para sortear el punto del colapso. “El canal viene hasta el sector afectado, se cruza hacia el este, sigue por ese lado y después vuelve a cruzarse más abajo del inconveniente. De esa manera no se mezclan los caudales”, explicó.

Mientras avanzan las tareas de reparación del colector, el agua de riego está siendo desviada de manera provisoria por otro sector del sistema. “El agua nuestra está yendo por enfrente, cruza y la estamos desviando por ahora por Santo Tomás de Aquino”, indicó.
Además, aclaró que durante esta semana no habrá dotación de agua de riego, aunque aclaró que esa decisión no está vinculada al colapso del colector. “Esta semana no vamos a tener agua de riego, pero es una decisión general por la emergencia hídrica y por las lluvias. El agua se está reservando para más adelante”, detalló.
El inspector remarcó que el sistema fue diseñado justamente para evitar cualquier riesgo sanitario y que las aguas servidas no se mezclen con la destinada al riego. Para garantizar ese aislamiento, también se dispuso un esquema de bypass y el uso de bombas en caso de ser necesario.
“No hay bombas en Mendoza que puedan trasladar semejante caudal de cloaca, por eso tratamos de ayudarnos entre los organismos y buscar una solución alternativa para separar los circuitos”, explicó.
En paralelo, advirtió que la obra de reparación del colector podría extenderse durante varios meses, aunque aseguró que el funcionamiento del sistema de riego no debería verse comprometido. “Nosotros vamos a manejarlo en paralelo, así que no nos va a influir”, sostuvo.
Según detalló, el calendario agrícola también juega a favor de esta situación ya que los cultivos están en plena cosecha y la demanda de riego es baja.
Fuente: El Sol – https://www.elsol.com.ar/mendoza/el-rio-de-cloacas-que-cambio-la-vida-de-un-barrio-en-guaymallen/







