El sesgo de confirmación en la Argentina 2019

En la década del ’60 del siglo pasado, el psicólogo inglés Peter Wason acuñó el término “sesgo de confirmación” para definir la tendencia a favorecer, buscar, interpretar y recordar la información que confirma nuestras creencias.
Esto es, reunimos o recordamos información de manera selectiva, interpretando sesgadamente a favor de lo que creemos o pensamos de forma previa. El efecto es más fuerte en tópicos en los que juega el contenido emocional y en las creencias más firmemente enraizadas.
En la polarizada actualidad política de nuestro país ocurre que, muy probablemente, formemos parte de grupos (físicos y virtuales) con personas que tienen una evaluación de la realidad similar a la nuestra, como si las posturas «homogéneas» nos fueran más cómodas. También solemos seguir en redes sociales a quienes opinan como nosotros, leemos los editoriales de los diarios que se corresponden con nuestra ideología o miramos en la TV programas que coinciden con nuestra visión.
Al intentar responder la pregunta “¿por qué la evidencia no logra cambiar lo que pensamos?”, el neurólogo Facundo Manes afirma: “Porque lo que vemos del mundo no es el resultado lógico de la evidencia, sino que se basa en nuestra propia historia, prejuicios, influencias, sesgos, emociones y suposiciones. Aunque nos muestren datos objetivos que contradigan nuestra visión previa, nos resulta muy difícil cambiarla. Lo que pasa es que lo que se pone en juego no es la verdad, sino la propia identidad. Se trata de un conflicto cognitivo”.
El derrotero que ha seguido nuestro país en los últimos años evidencia que cada día hay más practicantes del “sesgo de confirmación”, con posturas tan radicalizadas como irreductibles que –aunque parezcan discutir– lo que buscan es la no contradicción. Deberíamos saber que pensar que siempre tenemos la razón y que quienes no coinciden con nosotros son siempre los equivocados nos aleja de la verdad y de los consensos comunitarios imprescindibles, y nos acota la posibilidad de ver objetivamente la realidad.