El show ¿siempre? debe continuar…

La frase se le atribuye al cantante francés Charles Aznavour, quien supuestamente se la dijo a su hija mientras seguía en el escenario después de una descompensación. La pandemia de Covid-19 vino a afectar dramáticamente el ritmo de vida que los seres humanos teníamos hasta 2019. Sin embargo, con el correr de los meses, la mayoría de las actividades han retomado la mentada “nueva normalidad” y, en ese sentido, las acciones generadoras de riqueza fueron las primeras que reclamaron –y lograron– volver a la acción.
En el escenario mundial actual, no todo son fábricas y/o conocimiento. El entretenimiento también es un negocio gigantesco y, en su interior, el fútbol es uno de sus principales exponentes. Por eso, no llamó demasiado la atención que los partidos a lo largo y ancho del mundo hayan vuelto a disputarse aun cuando muchas otras actividades se encontraban vedadas.
La segunda o tercera ola de contagios en las diferentes latitudes ha mostrado por estos días imágenes inusitadas: equipos varados en aeropuertos, jugadores “secuestrados” en países ajenos por tener un análisis positivo de Covid, contagios masivos en los planteles, etcétera. Como si todo esto fuera poco, en algunos países (Colombia, concretamente) la convulsión social intentando evitar la concreción de partidos, pero –como todos esperábamos– no logró su objetivo porque, una vez más, el show debía continuar.
El fútbol –y sobre todo su negocio multimillonario– atraviesa cualquier limitación. El show debe continuar. Parece ser ley. La salud de los protagonistas es una cuestión secundaria. Es más, hasta se puede volver un condimento, ya que ayuda a vender la idea del protagonista que sigue estoico a pesar de los obstáculos, ya sea un corte en la cabeza o un virus contagioso.
¿Quién define hasta donde debe seguir el show? ¿Cuál es el límite? Por un momento, el coronavirus amenazó con serlo, pero en el mundo moderno ni eso puede detener a los negocios.