El síndrome de hubris menduco
El término ‘hubris’ o ‘hybris’ es un concepto griego que significa ‘desmesura’. Es lo opuesto a la sobriedad, a la moderación. Alude al ego desmedido, a la sensación de omnipotencia, al deseo de transgredir los límites que los dioses inmortales impusieron al hombre frágil y mortal. En la mitología griega se aplicaba a los que víctimas de su propia soberbia, se creían y actuaban como dioses. Es, en definitiva, un intento de romper el equilibrio entre los dioses, la naturaleza y el hombre. Y lleva implícito el desprecio hacia el espacio de los demás, lo que los lleva a realizar actos crueles y gratuitos contra ellos.
Es un concepto muy relacionado con el de las Moiras, los tres seres mitológicos que enhebraban, medían y cortaban el hilo de la vida. El enfermo de ‘hubris’ se cree con derecho a más hilo del que le fue asignado y se rebela contra su propio destino. En la actualidad, se utiliza como sinónimo de soberbia, arrogancia o prepotencia.
En 2008, el neurólogo, miembro de la cámara de los lores y excanciller británico David Owen publicó un libro en el que, atraído por el comportamiento y el perfil psicológico de ciertos políticos, acuñó el término ‘síndrome de hubris’ para describir a los mandatarios que creen estar llamados a realizar grandes obras; muestran tendencia a la grandiosidad y la omnipotencia y son incapaces de escuchar, mostrándose impermeables a las críticas.
En nuestra provincia, muchos se quejan de la falta de diálogo y de capacidad de escuchar que tienen quienes dan las órdenes. Un día los 1.023 millones de dólares de Portezuelo no son exclusivos del sur y nadie escucha los reclamos; otro día, la lucha antigranizo no sirve más, hay que eliminarla y nadie que reclame es escuchado; otro día los gremios estatales se quejan de las penurias salariales y de materiales de trabajo que padecen y solo se responden decretos; y así, miles de ejemplos más.
Némesis, en la mitología griega, era la diosa de la justicia, del equilibrio y de la mesura. Castigaba los actos de soberbia y devolvía al enfermo de ‘hubris’ a los límites que había cruzado. El sol derritió la cera de las alas de Ícaro que, por querer volar demasiado alto (‘hubris’), cayó al mar y desapareció para siempre.