El incremento del caudal de agua en el Zanjón del Salado, sobre el camino que une la Villa 25 de Mayo con Los Reyunos y El Tigre, vuelve a poner sobre la mesa una discusión pendiente: la necesidad de adaptar la infraestructura del departamento a fenómenos climáticos cada vez más exigentes.
Las imágenes registradas este viernes en el denominado Zanjón del Salado, sobre uno de los caminos turísticos más importantes de San Rafael, reflejan una problemática que lleva muchos años sin encontrar una solución definitiva. El agua atraviesa la calzada en un sector donde históricamente se ha reclamado una intervención estructural que permita garantizar la circulación, especialmente cuando las precipitaciones incrementan el caudal de los escurrimientos naturales de la zona.
El lugar no es un punto cualquiera del mapa sanrafaelino. Se encuentra sobre el camino que conecta la Villa 25 de Mayo con los embalses Los Reyunos y El Tigre, dos destinos que reciben una importante afluencia de visitantes, particularmente durante la temporada estival. Por allí transitan diariamente vecinos, trabajadores y turistas que utilizan una vía cuya vulnerabilidad ante determinados fenómenos meteorológicos es conocida desde hace décadas.

Lo ocurrido este viernes, más allá de sus consecuencias inmediatas, ofrece una oportunidad para plantear un interrogante que excede ampliamente a ese sector: ¿qué tan preparado está San Rafael para afrontar un escenario climático que podría presentar lluvias más intensas, tormentas de mayor complejidad y crecidas repentinas en lugares históricamente vulnerables?
La pregunta adquiere especial relevancia frente a la evolución del fenómeno de El Niño, que está alcanzando una intensidad extraordinaria. Los organismos internacionales especializados en meteorología advierten sobre la persistencia de condiciones que pueden alterar los patrones habituales de precipitaciones en distintas regiones del planeta. Si bien esto no significa que necesariamente vayan a producirse lluvias extremas en San Rafael, constituye un escenario que obliga a reforzar las tareas de prevención y planificación.
En ese contexto, el Zanjón del Salado aparece como un ejemplo concreto de las dificultades que todavía presenta la infraestructura vial del departamento. La circulación de agua sobre la calzada no es un fenómeno desconocido ni excepcional para quienes transitan habitualmente por el lugar. Por el contrario, forma parte de una situación recurrente que, pese al paso de los años y los reclamos por una inversión, continúa sin una respuesta estructural definitiva.
Sin embargo, sería un error reducir el debate a una discusión sobre responsabilidades políticas. La Provincia tiene jurisdicción sobre ese sector, así como el Municipio de San Rafael posee competencias sobre otros espacios que también presentan vulnerabilidades frente a las precipitaciones. Lo importante, en definitiva, es comprender que los desafíos climáticos no reconocen límites administrativos y que la prevención exige planificación, coordinación e inversiones sostenidas.
San Rafael es un departamento extenso, atravesado por cauces naturales, canales, caminos rurales y una importante red vial que conecta centros urbanos, distritos y atractivos turísticos. Esa diversidad territorial, que representa una de sus mayores fortalezas, también plantea exigencias particulares en materia de infraestructura hidráulica, mantenimiento de caminos y capacidad de respuesta frente a eventos meteorológicos adversos.
La discusión, por lo tanto, no debería limitarse a determinar qué organismo debe intervenir después de una crecida, sino avanzar hacia una identificación de los sectores más vulnerables, establecer prioridades y desarrollar soluciones que permitan reducir riesgos antes de que se produzcan situaciones de mayor gravedad.

También existe una dimensión económica que no puede soslayarse. San Rafael tiene en el turismo uno de sus principales motores de desarrollo y, en ese sentido, garantizar condiciones adecuadas de conectividad hacia sus atractivos resulta indispensable. Un camino vulnerable a las crecidas no solamente representa un inconveniente para quienes lo transitan, sino también una dificultad potencial para el funcionamiento de una actividad que genera empleo y movimiento económico.
El fenómeno de El Niño, independientemente de la magnitud que finalmente alcancen sus consecuencias en el sur mendocino, debería funcionar como un llamado de atención. Porque prepararse para escenarios climáticos complejos no significa esperar a que se produzcan emergencias, sino anticiparse mediante obras, mantenimiento, monitoreo y decisiones que permitan reducir sus efectos.
Las fotografías del Zanjón del Salado son, en definitiva, mucho más que el registro de agua atravesando un camino. Constituyen una postal de una deuda estructural que lleva años y que invita a reflexionar sobre otras situaciones similares que todavía persisten en distintos puntos del departamento.
La verdadera pregunta no es solamente qué hacemos cuando llega el agua, sino qué estamos haciendo antes de que llegue. Y quizás ese sea uno de los desafíos más importantes que San Rafael deberá afrontar en los próximos años.



