El virus de la mala política también está vivo

Son tiempos excepcionales, inéditos para la mayoría de los habitantes del planeta. La pandemia de Covid-19 ha venido a trastocar nuestra existencia. Ante ello, los gobernantes de todo el mundo y de todas las jerarquías disponen medidas que dan cuenta de la gravedad de la situación y que intentan poner a salvo a sus poblaciones. Y en países como el nuestro, donde una de las medidas implementadas es la cuarentena o aislamiento social obligatorio, el escenario agobia por recesivo y deprimente.
Los gobernantes de todo signo político se han visto obligados a enfrentar un inconveniente que ni en sus peores sueños imaginaban. Y ahí están, todos aprendiendo sobre la marcha, todos tomando algunas buenas decisiones, todos equivocándose, todos sorprendidos.
En ese contexto, en nuestro país comienza a vislumbrarse un fenómeno que, de radicalizarse, podría tornarse muy pernicioso: la utilización política partidaria del aciago momento.
Después de algunos días en los que la mayoría de los dirigentes nacionales, provinciales y hasta departamentales intentaron demostrar una consonancia a la hora de enfrentar la circunstancia, las últimas horas han hecho evidente que las grietas vuelven a abrirse, y que algunos de quienes gobiernan o son oposición –de todos los partidos políticos– empiezan a querer sacar rédito de la desgracia. Pocas cosas más miserables que esa…
Explicaciones irracionales a medidas adoptadas que a todas luces resultaron erróneas o críticas despiadadas contra quienes deben comandar una crisis inédita, en varios puntos del país se han observado estas mezquinas actitudes. En el medio, y como siempre, los ciudadanos, los que temen y los que están más expuestos a las decisiones y las actitudes de los dirigentes, oficialistas u opositores.
Muchos de esos mismos dirigentes días atrás reclamaron la unión y colaboración del pueblo argentino para sortear la difícil coyuntura que impone el coronavirus. Es momento de que ellos hagan desinteresadamente sus aportes al objetivo, sin mirarse el ombligo. Eso también sería histórico.

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