El voto como obligación y como derecho

Como habitualmente ocurre cuando se acercan fechas eleccionarias, muchos conciudadanos se preocupan por las sanciones que podría acarrearles el hecho de no emitir el sufragio.
El próximo domingo habrá elecciones primarias, abiertas, simultáneas y obligatorias (PASO) en cuatro departamentos de la provincia, entre ellos San Rafael, y la consulta volvió a surgir. Ante ella, desde la Justicia Electoral de la provincia se informó que los electores que no concurran a votar deberán justificar la inasistencia y que, en caso de no hacerlo, serán multados con 200 pesos. Si el ciudadano no paga dicha multa, pasará a integrar el registro de infractores y –según lo que se aseguró oficialmente- ello lo perjudicará a la hora de realizar trámites administrativos en el Estado provincial y municipal, entre ellos la obtención o renovación del carnet de conducir.
Las sanciones a quienes no sufragan deberían hacernos reflexionar acerca de tópicos tales como el sistema democrático, el compromiso ciudadano y el sentido común. Teniendo en cuenta el actual costo de vida en nuestro país y otras sanciones administrativas (las multas por infracciones viales van de los 1.200 a los 18.000 pesos), 200 pesos parecen un monto exiguo; de hecho, algunas personas optan por pagar la multa antes que ir a votar. Las explicaciones que se esgrimen para ello varían entre “me sale más barato que viajar”, “prefiero pagar antes que votar a cualquiera de los que se presenta” y “pago la multa y no me pierdo el domingo”.
He aquí donde surge la segunda parte de la reflexión. Muchos conciudadanos parecen más preocupados por saber la sanción que se les impondría en caso de no votar que por informarse, evaluar y elegir a quienes –ni más ni menos- conducirán sus (y nuestros) destinos por al menos cuatro años. Que la política partidaria y sus muchas veces impresentables representantes hayan contribuido fatalmente a esta indolencia ciudadana puede ser verdad, pero –admitámoslo- el sistema democrático e institucional nacional también depende centralmente del aporte de los votantes y sus decisiones. Caso contrario, todos tienen la culpa de que nos vaya mal, pero nadie se hace responsable.