Elecciones: cuando el silencio es mayoría

Las elecciones legislativas de este último fin de semana en seis departamentos de nuestra provincia han dejado un dato que debería actuar como una sirena de alarma para todo el arco político: la deserción ciudadana ha alcanzado niveles históricos. En San Rafael, apenas el 49% del padrón asistió a cumplir con su deber cívico. Por primera vez en la historia reciente, los que no fueron, los que se quedaron en casa, son más que los que eligieron cualquier opción política.

Este fenómeno no es un hecho fortuito ni una distracción dominical; parece más la manifestación de una fractura expuesta entre la sociedad y sus representantes. Cuando la mitad de la población de un departamento con fuerte tradición política como el nuestro decide no ir a votar, estamos ante un plebiscito silencioso pero devastador sobre la utilidad de las instituciones.

La política actual, enfrascada en una lógica de suma cero, parece no haber tomado nota del hartazgo. La falta de respuestas ante la crisis ha generado una sensación de orfandad en el ciudadano común. El votante percibe que, independientemente del color de la boleta, la agenda de los problemas reales corre por un carril distinto al de los discursos de campaña.

Sin embargo, sería un error depositar toda la responsabilidad únicamente en la dirigencia. Esta histórica deserción también nos habla de un preocupante debilitamiento del compromiso ciudadano. El sufragio, que es la herramienta más poderosa para poner coto a las decisiones perjudiciales que mencionábamos en editoriales anteriores, está siendo desechado. Al renunciar al voto, el ciudadano no solo castiga a la política, sino que se castiga a sí mismo, entregándole un cheque en blanco a quienes, con porcentajes reales de apoyo ínfimos, terminan decidiendo sobre el destino de la mayoría.

La democracia argentina está entrando en una zona de riesgo. Si la política no recupera su capacidad de transformar la realidad y sigue encerrada en la retórica de la queja o el dogma, el vacío será cada vez más grande.