En el Día del Calesitero, Pepe celebra las vueltas de la infancia y los sueños en la Plaza Francia

En tiempos de pantallas táctiles y juegos virtuales, la calesita de la Plaza Francia sigue girando como un pequeño milagro mecánico de la infancia. Y detrás de su música alegre y sus caballitos de colores está Pepe Gabriel, un hombre que cambió su vida por completo para dedicarse a girar sonrisas.

Este 3 de noviembre, Día del Calesitero, Pepe celebró la fecha con emoción y gratitud. Desde su puesto en el Parque de los Niños, agradeció al Municipio de San Rafael, a su maestro Don Miguel Vignatti, a su familia y a todas las familias sanrafaelinas que confiaron algo tan valioso como la sonrisa de sus hijos.

“Vaya un abrazo 360° y que siga dando vueltas de felicidad nuestra calesita”, escribió en un mensaje que resume su pasión y su oficio.

Pero detrás del gesto amable del calesitero hay una historia de decisión y amor por una vida distinta. Nacido en Buenos Aires, Pepe eligió San Rafael para vivir y soñar. “En San Rafael no había calesitas, y por eso decidí poner una. Vendí la camioneta, renuncié a mi trabajo y compré una calesita”, contó tiempo atrás.

UNA CALESITA, UN CAMBIO DE VIDA

Antes de eso, había trabajado 21 años como jefe de personal en una empresa de caudales, una rutina estable pero alejada del aire libre y del bullicio feliz de los niños. “Con el proyecto de la calesita cambiamos por completo nuestro estilo de vida”, recordó.

Desde entonces, su oficio se convirtió en una forma de resistencia dulce frente al paso del tiempo. Pepe y su calesita son un recordatorio de que la infancia también se cultiva, que la risa puede tener forma de carrusel y que hay oficios que merecen girar eternamente.

“La calesita es el primer viaje en el que el niño se desprende solo”, dice Pepe con una sonrisa, consciente de que cada vuelta es una pequeña lección de independencia y felicidad.

En un mundo que acelera sin pausa, su calesita gira a otro ritmo: el de la ternura, la memoria y los sueños que no envejecen.