En «Semillas de El Fortín» los chicos juegan y aprenden valores

En 2013, Laura Videla, era presidenta de la Unión Vecinal y se percató de que los chicos de la zona de la calle El Fortín, no hacían deporte y además no podían pagar algún club. Hizo las gestiones en la Municipalidad, en la Dirección de Deportes y formaron la escuela. Al principio enviaron al profesor Juan para el fútbol y más tarde, un profe de hockey. Los más pequeños entre 5 y 7 años de edad, sólo podían quedarse a mirar, así que Laura, a quien le gusta el fútbol, se puso la camiseta y empezó a entrenarlos. Los chicos le dicen “La profe de fútbol“, a pesar de que no es docente. “Este grupo de nenes juega únicamente partidos amistosos para que entre ellos aprendan a ser solidarios, a compartir, a trabajar en equipo. El fútbol tiene que ser algo más que un deporte competitivo. En “Semillas de El Fortín“ sembramos valores, buenas actitudes, buenos principios. Queremos que sean adultos de bien“, dice Laura.
Las clases son los miércoles y viernes de 18.15 a 19.30 horas. Ella atiende a 21 niños y la escuela en general tiene 100. Cada vez que finaliza la clase les lleva una sorpresa: un bizcochuelo, una golosina, frutas, y todo es Ad honorem, no cobra un sueldo. Tienen chicos de todos los ámbitos sociales. En las clases hablan del amor en la familia, del respeto hacia los maestros y aprenden a dominar el cuerpo y la pelota.
Ahora tienen un lugar fijo para entrenar que les presta la Municipalidad, en la calle Maza Isidoro Morán, entre la calle El Fortín y Sueta. Esta profe de La Pampa, pese a las dificultades, dice que esto les enseña a los chiquiticos que lo bueno tiene su sacrificio, que nada se regala y deben trabajar para conseguir las cosas.
“Trabajar con niños es una responsabilidad muy grande, lo hago porque soy mamá y quiero hacer el bien. Pueden colaborar con la escuela, ya tenemos los arcos, ahora nos falta las telas, o cuando hacemos algún festejo también necesitamos alguna colaboración, sin embargo, nos gusta que el padre se comprometa. Tenemos un mecanismo para que todos ellos colaboren, el ‘hoy le toca a la mamá o al papá traer…“
Cada viernes el chico que se porte bien se lleva a casa “el bolsito viajero“, donde guardan libros educativos y juegos didácticos. Esta actividad les permite realizar un encuentro familiar sin pantallas. “Quiero que los chicos salgan a jugar, a compartir con otros niños y que no estén todo el tiempo frente a una pantalla. Que les preguntemos a los niños si son felices, qué les pasa, qué piensan sobre algo, que no se vean obligados a hacer algo sin su consentimiento“, expresó.

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