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sábado 25, de junio , 2022

Entre agujas y tijeras, Lucía y Jorgelina cuentan su experiencia con la Vendimia Nacional

La Fiesta Nacional de la Vendimia es uno de los momentos culturales y artísticos más esperados en la provincia. Todos los años, entre febrero y marzo, Mendoza comienza a lucir diferente, la gente tiene otro espíritu y es que se aproxima la fiesta máxima del pueblo, la que representa a los trabajadores de la tierra.

A la Vendimia se la ama o se la odia, no hay punto medio, y son más los que se ubican en el primer grupo. Un caso particular es el de Lucía Rosales y Jorgelina Aveiro, dos mujeres que trabajan a contrarreloj para que todo el vestuario que se emplea en la Fiesta esté a punto.

Como informa El Sol, Lucía es de Las Heras y Jorgelina de Tunuyán, ambas se levantan a las 5 de la mañana para poder llegar a horario a cumplir con sus obligaciones. Las dos forman parte del equipo de casi 50 personas que realizan los trajes vendimiases en el Espacio Cultural Julio Le Parc, todas conducidas por el experimentado Marcelo Mengarelli, quien tiene a su cargo la dirección del Vestuario de «Milagro del vino nuevo»


Una vida ligada a la Vendimia

Lucía tiene 61 años y la Vendimia en su vida tiene un significado especial y no es de ahora, sino de siempre. Si bien hace diez años se destaca como una de las costureras responsables del vestuario de Vendimia, su relación con uno de los eventos más importantes de la provincia se remonta a su juventud, cuando formaba parte de los bailarines que aparecían en el escenario del Frank Romero Day.

“Siempre amé la Vendimia y esta ceremonia tiene un significado muy especial, ya que, muchas veces, tuve la oportunidad de ser parte de ella, primero como bailarina y ahora como costurera”, relató Lucía.

La mujer reside en El Algarrobal, en Las Heras, y para concurrir todos los días al Le Parc (donde desde hace años funcionan los talleres de costura para Vendimia) se toma tres colectivos.

“El esfuerzo es enorme, pero no lo vivo como un peso porque me gusta lo que hago. Cuando uno siente pasión por lo que hace nada se transforma en un peso o en una tortura”, relató.

Lucía contó que ser una de las responsables de los trajes que lucirán los artistas en el Frank Romero Day le genera mucha emoción y expectativa.

“Son muchas horas dedicadas a este trabajo que se hace con mucho amor. Todos los que estamos acá lo hacemos no solo porque necesitamos trabajar, sino porque nos une un afecto grande a la Vendimia”, expresó.

Lucía, como muchas otras costureras más, recalcó que su labor no siempre es valorado por los artistas que, en lugar de cuidar los atuendos, los devuelven todos desarmados.

“Entiendo que en el apuro se pueden descoser las prendas, pero muchas veces las mismas vuelven en un estado deplorable, eso duele, pero bueno, son cosas que pasan”, aseguró.

La Fiesta se aproxima y los nervios comienzan a crecer. “Estamos en la recta final y sentimos que los tiempos se acortan. Ahora sí empiezan los dolores de panza, pero son de felicidad”, dijo Lucía.


De Tunuyán al Le Parc

Jorgelina Aveiro es otra de las mujeres que todos los días se sienta frente a una máquina para diseñar los atuendos. “Hace cinco años realizo la misma actividad y me encanta, siento que cumplo mi máximo sueño que es trabajar en la fiesta máxima de los mendocinos”.

Jorgelina todos los días viaja en micro desde el Valle de Uco hacia el Le Parc y allí empieza a diseñar los trajes. 

«Es una experiencia que no se vive en otro lugar. Trabajo en Cultura de mi departamento y, además, doy clases de costura y es algo que no tiene semejanza a nada, es más, cuando me convocaron por primera vez sentí que tocaba el cielo con las manos. Amo la Vendimia y amo coser para Vendimia», manifestó.

Desde hace 5 años Jorgelina trabaja en la parte de Vestuario de Vendimia.

La mujer aseguró que el clima que se vive en las salas de costuras es muy armonioso, cada uno sabe cuál es su rol y se ayudan mucho a la hora de resolver los problemas.

“Tengo compañeras que realizan un trabajo fabuloso y siempre digo que me gustaría llegar a ser como ellas, acá uno se retroalimenta constantemente, es una academia en la que muchos aprenden del saber de otros. Hay mucho compañerismo”, agregó.

Fuente y fotos: Gentileza El Sol

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