El Padre Luis Montes, sacerdote ordenado en el Instituto del Verbo Encarnado de San Rafael, compartió un profundo testimonio sobre su vida misionera junto a los que más sufren, luego de casi tres décadas de servicio en Medio Oriente (en octubre se cumplieron 29 años).
Su camino vocacional tuvo un punto decisivo en tierras sanrafaelinas, donde, casi sin proponérselo, descubrió el llamado definitivo al sacerdocio durante los Ejercicios Espirituales predicados en Semana Santa.
Recién egresado del secundario y con la idea de estudiar Abogacía, aceptó participar de esos días de retiro encabezados por el Padre Buela “casi por insistencia familiar”.

Allí, según recuerda, comprendió con claridad que Dios lo llamaba a ser sacerdote y religioso. “Ni siquiera volví a mi casa. Llamé por teléfono para avisar y me quedé en el seminario”, relata. Desde el inicio, su anhelo fue la misión en tierras lejanas, impulsado por el mandato evangélico de “ir por todo el mundo”.
Su recorrido lo llevó primero a Tierra Santa, donde estuvo varios años en Ortás, cerca de Belén, en una experiencia de pre-fundación monástica, que duró más de 6 años.
Luego continuó en Jordania, Egipto e Irak, países atravesados por conflictos, persecuciones y profundas heridas sociales. En Bagdad fue párroco de la catedral latina y acompañó a comunidades cristianas perseguidas por el ISIS, recibiendo a familias refugiadas y asistiendo a quienes huían de la violencia. “Ver el sufrimiento de ese pueblo marcó mi vida para siempre”, afirma.

Actualmente, hace poco más de dos años, su misión lo encuentra en el Líbano, trabajando con refugiados de la guerra y sosteniendo un hogar para personas abandonadas: ancianos, discapacitados, mujeres en situación de calle, personas con adicciones y cristianos perseguidos por su fe. Muchos llegan allí en sus últimos días, y el objetivo es acompañarlos con dignidad y amor.
MULTIPLICARSE ANTE LA NECESIDAD
Para el religioso, la clave de poder “multiplicarse” ante tantas necesidades está en la vida de oración. Sostiene que sin oración no hay misión verdadera y que la unión con Dios es lo que da fuerza y eficacia al apostolado.
Lejos de romantizar el peligro, reconoce que el miedo existe, pero no puede ser un freno para hacer el bien. “Estamos en manos de Dios. Si el miedo nos detuviera, sería un problema serio”, señala, recordando incluso su trabajo pastoral en hospitales durante la pandemia.

La obra que sostiene junto a su comunidad depende casi exclusivamente de la solidaridad, ya que quienes reciben ayuda no pueden aportar económicamente. Por eso, amigos y colaboradores impulsan una campaña solidaria internacional para acompañar este trabajo silencioso y constante (https://gofund.me/d72ea21ac).
Desde San Rafael al corazón de Medio Oriente, la historia del Padre Luis Montes es la de una vida entregada, marcada por la fe, la cruz y la convicción de que, incluso en medio del dolor, siempre es posible sembrar esperanza.







