Esperan que se pueda juzgar el caso Próvolo de La Plata

Dialogó con FM Vos (94.5) y con Diario San Rafael, el licenciado Roberto Martín De la Cruz, quien trabaja con sobrevivientes del Instituto Próvolo de La Plata, Buenos Aires, quien se refirió a los abusos a menores que ocurrieron en aquel lugar, como así también en Mendoza e incluso en Italia, siempre con cierta complicidad eclesiástica.
Si bien en San Rafael –y en Mendoza– son más conocidos los hechos de abusos sexuales ocurridos en el Próvolo de nuestra provincia, lo cierto es que otro punto de conflicto y de debate judicial es el de la capital de la provincia de Buenos Aires.
Llevando a cabo una cronología, el licenciado De la Cruz expresó que en los años 60, la cabeza del Próvolo en Verona, Italia, tuvo diversos problemas por lo que en los 80 es movido por la Iglesia a La Plata, donde repite “la misma estructura perversa”; luego es movido a Mendoza en los 2000 “para que siga con las mismas prácticas”. “Siempre la Iglesia ha facilitado que pueda continuar e incluso perfeccionar estas prácticas”, señaló y agregó: “Los chicos que nosotros atendemos, que son del Próvolo de La Plata, tienen alrededor de 40 años y los de Mendoza alrededor de 20, uno ve como que cada generación ha atravesado por ese instituto, siempre lo han dejado seguir funcionando. En el juicio de Mendoza los curas fueron condenados a fines del 2019, falta todavía el juicio a otro personal del instituto y a las monjas que, por el tema de la pandemia se ha postergado, y queda también el juicio de La Plata”.
Expresó que el inconveniente es que, como en esa ciudad han pasado más de 30 años, en teoría ha prescrito, por lo que no se podría juzgar a estos imputados, de hecho, la Cámara de Casación de La Plata determinó el año pasado que no se los puede juzgar, lo cual fue apelado a la Corte Suprema que será la que deberá tomar la decisión final. No obstante, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos determinó que son juicios que se consideran “torturas contra menores”, por lo que “no prescriben”.
Destacó que la jerarquía de la Iglesia Católica sabía todo lo que estaba ocurriendo y que, lejos de juzgar a estas personas, tuvo una cierta complicidad con ellas, incluso financiando el funcionamiento del instituto, lo cual implicaba enormes sumas de dinero.
En lo personal, sobre lo que ha significado trabajar con las víctimas, De la Cruz aseguró que “son historias tremendas de las que uno intenta abstraerse, pero eran niños de 5, 6 o 10 años y es terrible”.