Esperanza: ¿Cuál?

Los tiempos difíciles que nos tocan vivir exigen transitar con mayor convicción los caminos de la esperanza. Por ello nunca será bastante lo que se haga para mantenerla a flote en medio de la tormenta.
En su nota «El hombre esperanzado», Santiago Kovadloff nos ayuda en la tarea. Extraigo unos brochazos:
«La esperanza se funda en una convicción: la que dice que la adversidad, por más que hoy pretenda paralizarnos y nos dañe, no tiene ni tendrá la última palabra…
La esperanza es el rasgo distintivo del ser que insiste en ser. Es empeño convertido en acto. Quien de veras la conoce sabe que la esperanza jamás aflora en la antesala del escenario en el que luego tienen lugar los hechos. No es un preámbulo expectante. No es un elixir que predispone a aguardar lo mejor. Tampoco precede ingenuamente al insospechado infortunio ni confía en que él no incidirá en el curso de los acontecimientos.
La esperanza, en cambio, puede ser reconocida allí donde el desencanto ya ha desbaratado una expectativa o donde nada indica que pueda haberla, y aun tras el golpe más cruento que parece haberlo echado todo a perder. El escándalo de la esperanza consiste en ocupar los sitios donde nada, en apariencia, la invita a florecer.
La esperanza no soslaya el trato con el dolor ni deja de frecuentar el desencanto: lo atraviesa. En un gesto de indignación y afirmación ante los horizontes que se dicen clausurados o ante la obstinación con que se presenta la pesadumbre…
Esperanzado es quien no deja de proseguir y, por lo mismo, de recomenzar allí donde nada indica que haya lugar para hacerlo. Esperanzado es el hombre que busca porque, como dice el Evangelio, ha encontrado. Es el hombre que quiere, que intenta y no el que da crédito a la suerte o asegura, sin sombra de duda, que habrá de llegar adonde se propone. Quien confía en la suerte apuesta: es un jugador. No duda de sus fuerzas ni vacila, se acoraza en la suficiencia…
El hombre esperanzado, entonces, no es fruto de una ocasión propicia en la que el dolor ha quedado atrás, sino el creador de su oportunidad en medio del dolor».
¡Hasta el domingo!

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