Estado bobo

“Vengo del sector privado y no voy a callar que el mayor daño a la República de Paraguay lo estamos haciendo desde el sector al que yo pertenezco, el sector privado”, afirmó el presidente Horacio Cartes en la ciudad de Villa Hayes, ubicada en el departamento Presidente Hayes, adonde había ido para entregar alimentos a familias carenciadas.

«Si hay ladrones, si hay gente que corrompe o gente que está comprando créditos tributarios, llámese Centenario, grandes empresas, es el sector privado, que a la noche usa cuellito blanco y durante el día robamos al Estado», agregó según lo cita el diario Última Hora.

De esta manera, el presidente buscaba dar respuesta a los reclamos que estaba recibiendo de los pobladores locales, disgustados con los empresarios. Por eso les pidió una autocrítica por su accionar, y puso como ejemplo de corrupción empresarial la privatización en 1997 de Aceros del Paraguay (Acepar), cuya planta se encuentra -justamente- en Villa Hayes, señalando maniobras con la compra de créditos fiscales.

Cartes, que recientemente decidió intervenir Acepar por los manejos poco transparentes de la conducción, arremetió también contra el Club Centenario, una histórica y distinguida asociación civil que hace poco entabló un juicio al Estado para pedir la devolución de unos 600.000 dólares en concepto de crédito fiscal por el pago de IVA.

El caso no debería sorprendernos a los argentinos, salvo por el hecho de que se trata del propio Presidente quien lo denuncia sin pelos en la lengua, y evoca las privatizaciones de la década menemista, plagadas de “desprolijidades”, además de los manejos poco escrupulosos de los empresarios afines al gobierno que han salido a la luz con graves evidencias de connivencia del sector político.

Por lo visto, el síndrome de “estado bobo” que se deja esquilmar impunemente -se tendría que analizar y detectar las causas del fenómeno- no es exclusivo de nuestro país. Algo que lamentablemente no nos sirve de consuelo.