“Tiempos difíciles” se titula la décima novela del escritor inglés Charles Dickens. En ella, y como es habitual en su obra, Dickens lleva a cabo una profunda crítica social. La novela transcurre en Coketown, una ciudad ficticia del norte de la Inglaterra victoriana, lugar en el que conviven tres clases sociales: el proletariado, que cree que el trabajo es su único modelo de vida (“además de resultarles necesario para subsistir”); la clase alta, que controla las fábricas y mantiene en condiciones pésimas a sus obreros; y la “gente del circo”, que se apartan completamente de la vida que llevan los otros dos grupos.
Las consecuencias de la por entonces floreciente revolución industrial despiadada, quedan expuestas en los párrafos dedicados a las fábricas. Estos lugares parecen cárceles: insalubres, asfixiantes, malolientes. Y lo que es peor, los obreros importan igual o menos que las máquinas: cobran cada vez menos y sus derechos laborales y humanos se ven absolutamente vulnerados.
Las novelas de Dickens consiguen, sutilmente, promover ciertas críticas al “statu quo” y motorizar reformas al poner en evidencia los defectos de una sociedad que era parte del imperio más poderoso del siglo XIX. Lo que el autor intenta señalar es que, en aquella Inglaterra gloriosa, dueña de buena parte del mundo, existían también dolor y miseria. Y que los poderosos estaban de espaldas a estos problemas, o equivocaban el camino teorizando de forma errónea.
En la novela del británico evidencia como, desde hace más de 160 años, muchas sociedades reiteran preocupantemente las apelaciones a valores como el individualismo, la meritocracia, el tiempo en función de la rentabilidad y el éxito como producto del esfuerzo únicamente individual. Asimismo, se observa cómo, demasiadas veces, los dirigentes sociales viven, teorizan y deciden “de espaldas” a lo que pasa en la realidad y a lo que reclaman sus comunidades. Vivimos tiempos difíciles como país. Y nadie nos puede asegurar que no vendrán peores.




