Estamos rodeados…

Aaron James, doctor en Filosofía por Harvard y profesor titular de la misma materia en la Universidad de Irvine, en California, publicó en 2016 un libro que, con el correr del tiempo, se convirtió en un éxito de ventas. El título del trabajo es llamativo: “Trump: ensayo sobre la imbecilidad”. En el libro, James toma como referente a quien por entonces era el recientemente electo presidente de Estados Unidos pero, además, hace un estudio complejo de lo que él creó como disciplina: la imbecilogía.
James describe al imbécil como “un tipo (por lo común varón) que se arroga de manera sistemática una serie de ventajas en las relaciones sociales totalmente convencido, aunque no tenga razón, de que está en su derecho, cosa que lo inmuniza ante la protesta de los demás”. A partir de allí, diferencia a los imbéciles comunes (los que no respetan los turnos en las filas, hablan a los gritos por sus celulares en lugares cerrados, estacionan en doble fila, maltratan a quienes les sirven en los restaurantes, y que hoy podrían incluir, entre otros, a los que andan sin barbijo, convocan o participan de fiestas clandestinas o se amontonan en bares) de aquellos que protagonizan el campo de la política y la economía, que –según describe– pretenden “hacer notar su poder todo el tiempo, hablan rápido y con frases llenas de contradicciones, tratan de ser irónicos y ocurrentes en sus definiciones, pasando por alguien que está divorciado de la realidad, hablan mal de sus adversarios y tratan de congraciarse a cualquier precio con sus seguidores”, entre otras características.
James también plantea la relación entre imbecilidad y grieta cuando señala que “el sistema se vuelve corrupto y genera más corrupción en un proceso que se alimenta a sí mismo, y las divisiones fomentadas corroen a la sociedad en general al agriar amistades, reuniones familiares y veladas”.
El autor invita al ciudadano a preguntarse “cuánto podemos soportar de los imbéciles sin perdernos el respeto a nosotros mismos”. Crudo interrogante que solo puede tener respuestas personales. Trump y demasiados más demuestran a diario la claridad de la visión de James.

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