María Paula Giménez, psicóloga alvearense, integra un grupo de 10 activistas retenidos cuando participaban de una misión humanitaria con destino a Gaza. Su madre, Nora Otín, relató la angustiante y escueta comunicación que mantuvo con su hija presa en Libia y aseguró que desconocen las razones de la detención.
La situación de María Paula Giménez, una joven alvearense que permanece detenida en Libia junto a Lucas Aguilera (oriundo de Luján de Cuyo) otros 8 integrantes de una misión humanitaria internacional, genera una creciente preocupación entre familiares, amigos y organizaciones que siguen de cerca el caso. Después de 11 días sin ningún tipo de contacto, la joven logró comunicarse telefónicamente con su madre, Nora Otín, quien brindó detalles en exclusiva a Fm Vos 94.5 y Diario San Rafael de una conversación marcada por la desesperación, la incertidumbre y el deterioro físico y psicológico que atraviesan los detenidos.
Nora contó que su hija viajó a África impulsada por una profunda vocación solidaria y con el objetivo de participar en una caravana internacional que buscaba llegar hasta la Franja de Gaza para llevar ayuda humanitaria de alimentos y remedios y visibilizar la grave crisis que afecta a la población palestina.
«Mi hija tiene dentro de ella esa vocación de ayudar al ser humano, ayudar a todos los que necesitan», expresó.
La mujer explicó que María Paula y su compañero de viaje forman parte de Infonodal, un portal periodístico de América Latina y el Caribe del que ambos son directores. Según relató, la decisión de participar en la misión estuvo vinculada al compromiso que mantienen con distintas causas humanitarias y sociales.
«En Gaza hay una situación terrible, hay niños muriendo de hambre, inanición, operaciones sin anestesia, madres que mueren. Es un desastre la situación en Gaza», señaló Nora al explicar las razones que llevaron a su hija a involucrarse en la iniciativa tras el genocidio que lleva a cabo Israel y su primer ministro Benjamín Netanyahu, sobre el que pesa un pedido de detención internacional por crímenes de guerra.
Asimismo, recordó que la joven consideraba que no era posible permanecer indiferente frente al sufrimiento que atraviesan miles de familias palestinas. «Ella sentía que tenía que ir porque se necesita que alguien vaya, se necesita que nosotros como seres humanos participemos de ese dolor tan grande», afirmó.
El viaje se desarrollaba con normalidad hasta que un grupo reducido de integrantes de la caravana se separó momentáneamente del resto para realizar gestiones que permitieran continuar avanzando hacia el paso fronterizo con Egipto.
Según explicó Nora, el convoy se encontraba en territorio libio cuando 10 integrantes decidieron adelantarse en varias ambulancias para gestionar autorizaciones y negociar el paso hacia la siguiente etapa del recorrido.

«Se adelantaron en las ambulancias 10 personas para hacer los trámites y negociar que los dejaran pasar. Entre esas 10 personas estaba mi hija», relató.
A partir de ese momento comenzó la incertidumbre.
«A partir de ese domingo 24 a las 15.30 no tenemos más idea de ellos. No nos pudimos comunicar más», recordó.
Durante días, las familias no tuvieron información oficial sobre el paradero ni sobre la situación de los detenidos. La única señal que recibieron fue la difusión de un video en el que se observaba a algunos integrantes del grupo siendo trasladados ante una fiscalía.
«Ahí vimos que estaban vivos, digamos. Fue la primera vez que los vimos», contó.
Sin embargo, la angustia alcanzó otro nivel cuando Nora recibió una llamada telefónica de su hija. La conversación duró apenas 21 minutos, pero permitió conocer parte de lo que estaban atravesando.
«Cuando recibo ese llamado y atiendo a ella, realmente fue muy, muy angustiante», expresó.
Según relató, María Paula se mostró desesperada y completamente desorientada respecto de lo que estaba ocurriendo.
«Ella preguntaba: ‘Mamá, ¿saben dónde estamos?’. Nos decía que no sabían nada, que no podían comunicarse con nadie y que no tenían abogado», recordó.
Uno de los aspectos que más impactó a la familia fue la descripción de las condiciones de detención. Nora explicó que su hija le habló de lugares conocidos como «sitios negros», espacios de detención para civiles cuyo paradero no es informado públicamente.
«Están en unos lugares que se llaman sitios negros, son cárceles para civiles que están en lugares desconocidos», contó.
La descripción del lugar fue estremecedora. «Me contó que estuvieron en un pozo negro oscuro, con una letrina», relató la mujer.
Según explicó, recién cuando intervino el canciller italiano se produjo una mejora mínima en las condiciones de alojamiento.
«Italia es el único país que tiene una delegación en ese lugar. Cuando llegó el canciller italiano pidió mejores condiciones de detención y que los dejaran bañarse», señaló.
Aun así, las condiciones continúan siendo extremadamente precarias. «Les dieron una canilla y un balde para poder higienizarse», explicó.

La presencia de insectos y la falta de condiciones básicas de salubridad son parte de los problemas que enfrentan diariamente.
«Estamos todos picados por los mosquitos, las cucarachas nos caminan por las piernas cuando queremos dormir», le transmitió su hija durante la llamada.
A ello se suma el profundo desgaste emocional que padecen los detenidos.
«Me dijo: ‘Físicamente no nos han hecho nada, pero psicológicamente estamos destruidos'», contó Nora.
La percepción de los familiares coincide en que el paso de los días y la falta de respuestas han provocado un fuerte deterioro anímico.
«Psicológicamente muy mal», resumió la madre de la joven.
Incluso explicó que la familia de otro de los detenidos, Lucas Aguilera, recibió impresiones similares.
«La familia de Lucas también contó que no era el Lucas que ellos conocían, que estaba muy mal», comentó.
En medio de esta situación, los 10 integrantes del grupo iniciaron una huelga de hambre para reclamar respuestas y mejores condiciones.
«Los 10 están con una huelga de hambre», confirmó Nora. La medida ya provocó graves consecuencias. Según relató, varios integrantes sufrieron descompensaciones y debieron recibir atención médica.
El caso de María Paula fue particularmente preocupante. «A mi hija se le bajó la presión a 3, podría haber muerto, le dio una convulsión», reveló.
La mujer explicó que justamente la llamada telefónica habría sido autorizada luego de que los problemas de salud se agravaran entre los detenidos.
Pese al paso de los días, la incertidumbre continúa siendo total. Ni los detenidos ni sus familiares conocen los motivos de la retención. «No saben nada. Nadie les dice absolutamente nada», sostuvo.
Tampoco existe información clara sobre posibles acusaciones o cargos en su contra. «No sabemos qué acusación tienen. No sabemos cuál es la causa por la que están presos», manifestó.
La preocupación aumentó aún más cuando los familiares supieron que una fiscalía dispuso extender la detención.
«El otro día, cuando fueron a la Fiscalía, les dieron 10 días más de prisión y sin motivo», denunció Nora.
Frente a este escenario, las familias realizan gestiones permanentes ante organismos internacionales y reclaman una mayor participación de las autoridades argentinas.
La madre de María Paula contó que incluso enviaron una carta solicitando la intervención de la Cruz Roja para que pudiera realizar una visita humanitaria y verificar las condiciones en las que se encuentran los detenidos.
Mientras tanto, aguardan respuestas concretas del gobierno de Javier Milei. «Estamos esperando que Cancillería actúe, que haga algo rápidamente», expresó.
La mujer recordó que antes de la detención mantenía contacto permanente con su hija y que esa comunicación diaria hacía aún más difícil soportar el silencio posterior.
«Mi hija me escribía porque sabía que yo estaba preocupada por esa situación», recordó.
«Hacíamos llamadas todos los días. Inclusive, el sábado a la noche fue la última vez que me comuniqué con ellos», agregó.
Por ahora, el futuro de María Paula Giménez y del resto del grupo permanece envuelto en incertidumbre. Sin información oficial, sin cargos conocidos y con una situación de salud que preocupa cada vez más a las familias, las horas pasan entre la espera y la esperanza de que una gestión diplomática permita esclarecer el caso y lograr su liberación.







