Los hongos micorrízicos arbusculares (HMA) son microorganismos que establecen relaciones simbióticas con las raíces de casi todas las plantas terrestres, desempeñando un papel crucial en la mejora de la tolerancia y resiliencia de las plantas frente a condiciones de estrés ambiental.
Su capacidad para aumentar la absorción de nutrientes, como fósforo y agua, los convierte en aliados fundamentales para los cultivos en entornos desafiantes.
En este contexto, desde la Estación Experimental Agropecuaria (EEA) Rama Caída del INTA, se están llevando a cabo estudios enfocados en estos microorganismos y su impacto en el cultivo de vid.
El objetivo es profundizar en el conocimiento de las interacciones simbióticas y evaluar su potencial para optimizar el rendimiento y la salud de las vides, especialmente frente a factores como el control de nemátodos.
Los nematodos son gusanos microscópicos que pueden parasitar las raíces y las partes aéreas de las plantas, como la vid, y causar daños graves, entre ellos reducir la superficie de absorción de las raíces, acortar la vida útil de las plantas, provocar pérdidas productivas, dificultar la producción de fruta de calidad o permitir la entrada de hongos que dañan a las plantas
Este tipo de investigaciones son clave para avanzar hacia una agricultura más sostenible, promoviendo prácticas que reduzcan la dependencia de insumos químicos y fortalezcan los sistemas agrícolas mediante el uso de soluciones biológicas.
Desde la EEA Rama Caída destacan la importancia de estos hongos no solo en la mejora de las condiciones del cultivo, sino también en su contribución a la salud del suelo, un recurso vital para la actividad productiva de la región cuyana.
El estudio en curso busca generar herramientas aplicables para los productores vitivinícolas, fortaleciendo al sector frente a los desafíos ambientales y económicos actuales.







