La reciente legalización de la eutanasia en Francia reavivó el debate legislativo en la Argentina, donde distintos proyectos de ley presentados en el Congreso de la Nación buscan regular el derecho a la prestación de ayuda para morir de manera digna. La iniciativa genera intensas discusiones médicas, éticas y jurídicas, especialmente entre aquellos profesionales que asisten a pacientes en etapas terminales de su vida. Frente a este escenario, los especialistas en cuidados paliativos plantean una postura de cautela: argumentan que el pedido de finalizar con la vida suele ser un síntoma de un sufrimiento no controlado y que la prioridad del sistema sanitario debe centrarse en universalizar el acceso a los tratamientos del dolor y al acompañamiento holístico antes de avanzar hacia la administración de dosis letales.
El doctor Darío Barcudi, médico gerontólogo y paliativista, analizó los límites de la actual Ley de Muerte Digna, los dilemas que presentan las legislaciones internacionales y la necesidad de un marco regulatorio riguroso frente a un debate que califica como inevitable.
La delgada línea entre el alivio del dolor y la demanda de la muerte
Muchos especialistas que transitan el final de la vida junto a pacientes críticos aseguran que la correcta aplicación de herramientas médicas modifica sustancialmente el deseo de acelerar el deceso. «Todos queremos terminar nuestra vida con dignidad, y ante enfermedades que cursan con un profundo sufrimiento físico y emocional que destruye la calidad de vida, el pedido de eutanasia surge como un manotazo de ahogado, una medida de salvataje. Sin embargo, quienes trabajamos en cuidados paliativos sabemos que existen herramientas médicas y caminos de acompañamiento capaces de contener y aliviar ese dolor extremo sin necesidad de buscar la muerte de manera deliberada», expuso Darío Barcudi de entrada.
«Posterior a mi formación de pregrado, donde la estructura que nos generaban era evitar a toda costa que llegara el momento de la muerte, empecé a transitar la profesión y a convivir con la salud, la enfermedad y la muerte. Ahí me di cuenta de que la muerte es algo inevitable. Hice un clic y tomé un camino distinto: en vez de evitarla a toda costa, busco la forma en que una persona termine su vida de una manera digna y sin sufrimiento. Previo a la Ley de Cuidados Paliativos de 2022, yo estaba totalmente en contra de que se tratara la eutanasia, porque en la práctica uno nota que cuando logra controlar una sintomatología desagradable que trae sufrimiento profundo, el paciente empieza a tomar otro camino y ya no demanda terminar con su vida. El paciente pide morir cuando hay un padecimiento tan hondo que cree que la única salida es esa», amplió la explicación.

El alcance de la legislación actual
La normativa nacional ya contempla el rechazo a tratamientos médicos que prolonguen artificialmente la existencia, pero la legalización de una acción directa abre interrogantes complejos respecto a las decisiones de terceros. «En Argentina tenemos actualmente la Ley de Muerte Digna (N° 26.742), que abarca documentos como el consentimiento informado y las directivas anticipadas, que son los deseos que expresan las personas conscientes sobre cómo quieren terminar su vida ante una enfermedad incurable. Hay mucha gente que deja por escrito que no quiere entrar a terapia intensiva, que no quiere ser intubada o que desea fallecer en su casa. Eso es lo que algunos autores denominan ‘eutanasia pasiva’ o adecuación terapéutica, que consiste en suspender un abordaje que prolongue artificialmente la vida, y eso ya existe en el país. Lo que no está permitido es la acción deliberada de administrar una dosis letal de algún fármaco», aclaró el médico.
«Los proyectos que están en danza en el Congreso de la Nación proponen un marco regulatorio y filtros profesionales que me parecen correctos. A la larga es una ley que va a salir, pero espero que se generen equipos de valoración serios. Me asusta un poco que esto sea el puntapié inicial hacia escenarios complejos que se ven en otros países. En Suiza, por ejemplo, donde la ley rige hace tiempo, un familiar o tutor responsable puede pedir la eutanasia para un paciente con demencia severa o desconexión total. Pasa a ser una decisión de un tercero y no del propio individuo. Eso me hace un poco de ruido; me genera temor cómo puede llegar a salir redactada la norma aquí y qué marcos de control van a proponer», expresó con preocupación.
El caso Ostropolsky y el imperativo ético de escuchar al paciente
La historia de Daniel Ostropolsky, el exlegislador mendocino que padeció Esclerosis Lateral Amiotrófica (ELA), se transformó en el emblema local de una necesidad que interpela directamente a la comunidad médica. «En Mendoza tuvimos un caso muy claro, el de Daniel Ostropolsky, quien padeció esclerosis lateral amiotrófica (ELA) y puso sobre la mesa la necesidad y el pedido a gritos de esta ley. El gobernador Alfredo Cornejo tomó esa posta en su momento y la discusión vuelve a resurgir periódicamente a través de su historia. Aunque yo particularmente no esté tan de acuerdo con la eutanasia por mi enfoque en el alivio paliativo, su solicitud era tan clara y su objetivo tan preciso que me hace ponerme en su lugar. Creo que es un tipo de caso frente al cual la sociedad y el Estado no deberían darle la espalda», opinó el doctor Barcudi.
«Los legisladores necesitan mucha información y asesorarse profundamente sobre qué marco regulatorio darle a este pedido. En mi práctica diaria con pacientes graves, no mentiría si dijera que nunca escuché a alguien pedir la eutanasia. Más allá de lo que yo piense o crea correcto en lo personal, lo primero en la relación médico-paciente es el acompañamiento, y uno no puede acompañar a alguien si lo juzga, lo reta o le dice que lo que pide está mal. Cuando una persona solicita terminar con su vida hay que escucharla de manera prioritaria; no hay que frenar su pedido de inmediato ni imponerle otra dirección. Hay que entender al paciente y a su familia, y por eso considero saludable que la ley tome su curso de debate, siempre y cuando sea con la máxima rigurosidad técnica», concluyó.



