Femicidios: otra daga que hiere a la Argentina

Nuestro país se vio conmovido el último fin de semana por cuatro nuevos femicidios. Las estadísticas nacionales son, desde hace años, alarmantes, pero este 2019 parece tenebrosamente particular: en lo que va del año ya mataron a 223 mujeres. Según el Observatorio de las Violencias de Género «Ahora Que Sí Nos Ven», en 2019 hubo un femicidio cada 27 horas en la Argentina.
A pesar de las medidas implementadas oficialmente en los últimos años y la búsqueda de una conciencia de género más justa e inclusiva, los guarismos muestran a las claras que los casos tienden a mantenerse o aumentar. Algunos especialistas en la materia estiman que los marcos legales y las políticas públicas hasta aquí desarrolladas han sido insuficientes y/o deficientes. Otros sostienen que la lucha por revertir las relaciones de poder que históricamente han oprimido a las mujeres es un fenómeno social que recién comienza y que los resultados llegarán a mediano o largo plazo. En el camino, muchas vidas se pierden o se arruinan.
El femicidio suele deparar una paradoja: es un crimen íntimo pero de profundas consecuencias sociales. No solo mueren las mujeres sino que su entorno y la comunidad toda se ven afectados por estos hechos.
Desde hace menos de siete años que este tipo de asesinatos es calificado como femicidios y, como tales, son castigados con la prisión perpetua. No obstante, los ejemplos prácticos también muestran que algunos integrantes de los Poderes Judiciales que cohabitan en nuestro país suelen ser reacios a aplicar estas sanciones. Días atrás, Mendoza fue escenario de esta polémica.
Más allá de esa discusión, la pena contra quienes cometen estos hechos está en un extremo de la cadena de violencia, en el otro se encuentra –o debería encontrarse– la prevención activa encarnada en los observatorios de violencia de género, las casas de mujeres, las redes de contención y, sobre todo, la educación para intentar modificar las actitudes machistas que aún permanecen arraigadas en nosotros.