Fernández, la “luna de miel” y el porvenir

Que la crisis económica que atraviesa el país desde hace décadas y que se profundizó palmariamente en los últimos años no iba a ser superada por el solo hecho de un cambio de gobierno era algo que todos los argentinos sabíamos. Quizás por eso es que la mayoría de nosotros aún mantiene esa dosis de expectativa y optimismo que caracterizan los primeros momentos y medidas de toda nueva administración gubernamental. Algunos politólogos definen ese fenómeno como una “luna de miel” entre nuevos gobernantes y gobernados, e incluso se animan a poner un plazo: dicen que la misma dura 100 días y es durante ese plazo cuando quienes conducen los destinos de un país como el nuestro tienen una especie de crédito abierto para desarrollar sus políticas ante un público (oposición incluida) que se mantendrá atento pero casi sin críticas.
Alberto Fernández lleva 72 días en la presidencia. A la “luna de miel” le quedarían 28. El escenario que encontró era objetivamente complicado: en 2019 la inflación superó el 50 por ciento, tenemos deudas por más de 100.000 millones de dólares, la pobreza pasó el 40 por ciento, producimos comida para 440 millones de personas, pero el 22 por ciento de los 40 millones de argentinos sufren de “inseguridad alimentaria”, entre otras variables preocupantes.
Por ahora, la administración que comanda Fernández ha tomado medidas que parecen intentar “capear el temporal”, pero las exigencias de mostrar resultados concretos y diferenciadores de la gestión macrista no tardarán en llegar.
Como dijo días atrás la periodista argentina Jordana Timerman en The New York Times, algunas cosas siguen igual que el año pasado por estas tierras: “La clase media hace malabarismos para mantener su precaria posición económica. Los ricos se amargan ante las pérdidas mientras los especuladores demuestran su asombroso talento para encontrar rendijas lucrativas en los controles monetarios. Todos, sin embargo, compartimos una sensación de locura. Construimos nuestras vidas sobre arena movediza”. El desafío sigue siendo lograr seguridad, un concepto que hasta ahora es casi el antónimo de la Argentina.

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