Fernández y la Corte Suprema

Alberto Fernández emitió en pocas horas dos fuertes mensajes de presión sobre la Corte Suprema, con foco personalizado en su presidente, Carlos Rosenkrantz. El primero cosechó una mala respuesta también en velocidad. El segundo tiene final abierto. Y los dos en conjunto, terminaron de colocar al tribunal máximo en el centro de una batalla política con eje en el desplazamiento de tres jueces apuntados antes que nadie por Cristina Fernández de Kirchner. No es todo, porque cualquiera sea el desenlace, las pinceladas de conflicto o daño institucional serán ya inocultables.

El martes próximo, la Corte tiene cita para tratar los planteos de los camaristas federales Leopoldo Bruglia y Pablo Bertuzzi, y del juez Germán Castelli. Los tres refieren a causas por corrupción, incluido como cartel principal el caso de los cuadernos de la coima. Hasta hace apenas una semana, las versiones indicaban que la respuesta del tribunal sería una nueva versión de “cronoterapia”, según el término que solía usar un extinto juez, prestigioso, al describir con acidez el camino de los largos trámites para desandar presiones y enfriar problemas. Pero algo cambió en el pronóstico y esa versión inquietante habría llegado de inmediato a Olivos.

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