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miércoles 29, de junio , 2022

Free tours, el servicio turístico que crece en Mendoza en medio de críticas

Los free tours son una práctica turística que pisan con fuerza en gran parte del mundo, desde las grandes ciudades europeas a lugares recónditos como barriadas cubanas o pequeños pueblos argentinos.

En Mendoza existe desde hace ya varios años. Pero la práctica flota en una nebulosa y es mal vista por muchos profesionales del rubro.

Se trata de un servicio que se ofrece al turista, quien es guiado por un ciudadano común y corriente del lugar o, en algunos casos, por guías turísticos habilitados, pero que se desempeñan de manera independiente y sin una tarifa fija, sino que reciben como recompensa una propina a voluntad.

Incluso en algunos lugares del mundo, el turista hasta se aloja en la casa del guía, compra en los comercios del barrio, come en su casa las comidas habituales y se mueve en el transporte público, como si se olvidase de su rol de visitante y se tranformara en un ciudadano más del lugar.

Es una forma económica, porque se ofrece a cambio de un pago a voluntad, que irá de la mano de lo buena que haya sido la experiencia. Pero al parecer lo que se impone a la hora de elegir esta modalidad no es el ahorro sino la experiencia en sí.

Está implícito que hay un mínimo de propina que se debe dejar y estos guías informales ofrecen sus servicios en línea o por recomendación.

 

¿Quiénes se ofrecen como «guías a la gorra»?

 

Generalmente son personas que hablan el inglés con fluidez o son estudiantes de historia y en temporada hacen «free tours» a los turistas que visitan Mendoza. En tanto, los guías pusieron el grito en el cielo cuando se empezó a expandir esta práctica, atados a lo que la ley manda.

Es una tendencia mundial y más económica en comparación a realizar, por ejemplo, un city tour en micro en Mendoza, que tiene un valor aproximado de 650 pesos por persona.

Si se trata de una familia de cuatro personas el cálculo de ahorro es grande, ya que en un free tour familiar generalmente se pacta de manera implícita que al menos se debe dejar en propina como mínimo lo que gastarían dos personas en un tour convencional.

 

 

«Va a pasar lo mismo que con Airbnb, y la gente elegirá otras opciones», es la conclusión de Santiago, quien es sommelier pero se dedica a guiar turistas por Mendoza.

«No necesariamente porque sean opciones más baratas, sino porque el turista quiere otra cosa, una propuesta fuera de lo que ya está establecido», agregó.

 

Walking tour

 

«Lo he querido impulsar entre los guías habilitados que trabajamos en Mendoza pero no lo logré, por la mentalidad conservadora del mendocino y por chocar contra un montón de paredes que se resisten a los cambios», contó Paola Pedrosa, guía mendocina inscripta en el Ente de Turismo.

«A nadie le gusta trabajar sin cobrar. Yo no estoy de acuerdo de trabajar ‘a lo que me den’, pero sí estoy de acuerdo con el formato que se está usando en Buenos Aires y en gran parte del mundo, que no es ajeno a una organización formal: es la modalidad conocida como walking tour a la gorra y no está librado a una propina sino que está implícito que hay un mínimo que se debe pagar «, argumentó Pedrosa.

«En Buenos Aires hay agencias detrás de todo esto. Tienen un ‘speech’  en el que está incluido cuánto es el mínimo de propina que esperan que se les de. Generalmente son personas habilitadas con carnet para trabajar del turismo, no todos, pero no suelen ser personas ‘caídas de las palmeras’. Y a partir del free tour te enganchan con la empresa para que luego sí hagas otras excursiones pagas. Es una manera de captar clientes«, explicó Pedrosa.

«En Mendoza se choca siempre con mentalidades costumbristas y canónicas a las que les cuesta muchísimo implementar cosas nuevas», señaló Paola.

«Muchas veces porque aunque suene increíble para el rubro, se trata de personas no viajadas. Entonces, lo están haciendo gente común y corriente, o estudiantes de turismo, de manera solapada», explicó Natalia, quien es profesional y agente turístico.

 

«Me parece fantástico. Hay público para todo tipo de servicios. El mundo da para todo lo nuevo y no hay que atarse a viejas estructuras», opinó  Santiago.

«Una vez guié a una familia, en total 6 personas, se estaban alojando en una casa de Airbnb de la quinta sección. Hablando con el padre, me dijo que les gustaba estar en una casa, cocinarse ellos y vivir como un ciudadano más, que les interesaba eso. Me dejaron un propinón, la propina más alta que me han dejado nunca. Esa gente no quería un hotel y una visita guiada «comprada» arriba de un bus. No era cuestión de gastar menos, era cuestión de vivir otras cosas», relató Santiago contando una de las tantas experiencias que tuvo como guía.

Andrea García es profesional de turismo, es mendocina y vive desde hace algunos años en Barcelona. Ha sido guía free y también ha elegido esta modalidad como turista: «Cuando te encontrás con la persona, muchas veces son guías matriculados y otras son chantas. Primero te cuentan quiénes son, a qué se dedican, que se trata de una guiada gratis, que es a voluntad, pero te dicen entre cuánto y cuánto debe ser la colaboración económica».

«Lo malo es que por ahí te encontrás unos personajes raros y no lo terminás disfrutando, o te topás con gente que no sabe lo suficiente y por ahí vos terminás sabiendo más que el anfitrión», contó Andrea.

 

«Estamos matriculados y esto denigra nuestro trabajo»

 

Entre los guías profesionales cuentan que el 80% de ellos se encuentran sin trabajo desde que comentó la pandemia. La mayoría trabaja free lance y ante la falta de visitantes los trabajadores del turismo fueron uno de los sectores más golpeados.

«Soy sommelier y trabajo coordinando grupos para agentes de turismo receptivo, he trabajado para muchas agencias en Mendoza pero no soy guía. Acá hay un tema muy tirante con eso», opinó Santiago. «En su justo derecho, los guías pelean por mejores condiciones legales, pero pienso que no se obtienen sacando a los otros, sino por el contrario sería más inteligente incluirlos», sentenció.

En Mendoza se creó una asociación de guías de turismo luego de muchos chispazos durante años en relación a las tarifas que se cobraban y con el fin de unificarlas.

Jésica Musri, miembro de la asociación Guiar, es contundente: «En Mendoza se estaría por implementar a través de los municipios pero en lugar de tener en cuenta a los guías profesionales ponen a lo estudiantes o personas que están ocupando lugares que no deben».

«No estamos en desacuerdo, pero eso de prestar un servicio a cambio de una colaboración o «a la gorra» va en contra de nuestra lucha para que nos reconozcan como profesionales que somos y se nos pague lo que corresponde. Estamos matriculados y esto denigra nuestro trabajo», consideró Musri.

Fuente: El Sol

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