La noticia de que la ampliación del gasoducto local ha entrado en su etapa final, con una puesta en funcionamiento prevista para el inicio del invierno, no es simplemente un anuncio de obra pública. Es, fundamentalmente, la crónica de una resistencia institucional y la confirmación de que, para el sur mendocino, la energía no es un lujo, sino el combustible indispensable para el desarrollo de su industria y el bienestar de sus hogares.
La historia reciente de esta obra es el reflejo de las tensiones que atraviesan a la Argentina actual. Tras el recambio de gestión nacional en diciembre de 2023, San Rafael y General Alvear se enfrentaron a un escenario de incertidumbre total. El retiro del Estado Nacional bajo la nueva impronta de la administración mileísta, que paralizó la obra pública a lo largo y ancho del país, dejó a este proyecto vital en un limbo presupuestario que amenazaba con convertirlo en otro monumento al abandono.
Fue allí donde la política local y la justicia debieron intervenir para suplir la ausencia de un federalismo que, en los papeles, parecía haberse olvidado de las necesidades del interior. Las demandas judiciales interpuestas por el municipio fueron el paso necesario para exigir el cumplimiento de los compromisos asumidos. No fue un capricho partidario, sino el ejercicio de un derecho colectivo: San Rafael no podía quedar condenado al estancamiento de su red de gas solo por un cambio de organigrama en la Capital Federal.
La importancia de este avance es sustancial. Hablamos de una obra que permitirá incorporar a miles de nuevos usuarios —tanto residenciales como comerciales— al sistema, eliminando la histórica restricción que ha frenado la radicación de inversiones y el crecimiento de nuevos barrios. Es, en definitiva, ampliar la capacidad productiva de nuestro oasis.
La etapa final, que incluye el montaje de las plantas reguladoras y la posterior presurización, marca el cierre de un ciclo de reclamos y esperas. Que el gas comience a fluir con la llegada de las bajas temperaturas será el resultado de una gestión que no se dio por vencida ante la motosierra presupuestaria y que entendió que hay obras que no pueden esperar ni dependen de caprichos partidarios fanáticos.




