Los gavilanes mixtos, suelen estar presentes en distintas zonas de San Rafael. Se los ha visto en espacios como la Plaza San Martín y en barrios de la periferia, donde sobrevuelan con naturalidad y cumplen un rol silencioso pero fundamental en el equilibrio del ecosistema urbano: controlar plagas como palomas, catas y roedores.
Lejos de ser una especie exótica o circunstancial, estas aves rapaces han sabido adaptarse al entorno humano. En muchos casos, incluso, ya nacen y crecen rodeadas de personas, por lo que no temen la presencia humana.
Durante su temporada reproductiva, que se extiende de julio a noviembre, pueden tornarse territoriales y realizar vuelos rasantes si perciben una amenaza cerca de sus nidos. En ese contexto, desde el Ministerio de Energía y Ambiente destacaron la necesidad de tener convivencia respetuosa.
UN CENTRO ESPECIAL EN CUADRO BENEGAS
San Rafael también cuenta con una experiencia pionera que vincula a los gavilanes mixtos con la conservación activa.
En Cuadro Benegas, Ricardo Castro tiene un centro de rescate, rehabilitación y cría en cautiverio, gestionado desde hace más de una década por un equipo familiar que trabaja en articulación con la Policía Rural y el Departamento de Fauna de la provincia.

Allí reciben aves heridas, decomisadas por tráfico ilegal o rescatadas de situaciones de riesgo, y se las recupera con el objetivo de reinsertarlas en ambientes seguros donde puedan cumplir su función ecológica.
Además de la rehabilitación, el centro realiza cría controlada de gavilanes nacidos en cautiverio, un proceso complejo que puede demorar varios años.
Las parejas reproductoras son estables de por vida y alcanzan la madurez sexual recién a los cinco o seis años. Las crías son registradas con anillos oficiales bajo supervisión de Fauna y comienzan su socialización con humanos desde los primeros días de vida.
CONTROL BIOLÓGICO POR CETRERÍA
Algunas de estas aves, forman parte de un programa de control biológico por cetrería, una técnica natural y no invasiva que utiliza aves rapaces para ahuyentar especies consideradas plaga en cultivos o áreas urbanas.

Empresas y establecimientos agrícolas contratan este servicio como alternativa a los venenos o métodos agresivos, ya que permite mantener el equilibrio sin dañar el ecosistema.
Las aves vuelan, disuaden y regresan a sus cuidadores, con los que tienen un vínculo directo desde su nacimiento. Este método ha demostrado ser eficaz y respetuoso con el ambiente.
AUN AMENAZADOS
Desde el centro advierten que, pese a los avances, aún persisten amenazas: envenenamiento, atropellos, electrocuciones y agresiones por parte de personas que los consideran un riesgo para sus aves de corral. Muchas veces, cuando se los ve en zonas rurales, se los ataca por prejuicio o desinformación.
El llamado es claro: si alguien encuentra un ave herida o en riesgo, debe comunicarse con la Policía Rural o el Departamento de Fauna, que derivarán el caso. El objetivo es rescatar, rehabilitar y devolver al medio a estos aliados invisibles del ambiente urbano.
Aprender a convivir con ellos, reconocer su valor y proteger su hábitat es una forma concreta de cuidar el equilibrio natural del que también dependemos.







