La LXVIII Cumbre de Jefes de Estado del Mercosur y del Consejo del Mercado Común, desarrollada en la ciudad paraguaya de Luque, se constituye como uno de los foros internacionales más complejos del período actual. La cita regional quedó marcada por la ausencia del mandatario argentino Javier Milei —quien permaneció en Buenos Aires para la jura del nuevo jefe de gabinete, Diego Santilli— y por la profundización de las divergencias ideológicas y comerciales con la administración brasileña de Luiz Inácio Lula da Silva. El eje de discordia se concentra en el debate entre el fortalecimiento de los acuerdos arancelarios en bloque y las pretensiones de la Casa Rosada de avanzar de manera unilateral hacia Tratados de Libre Comercio (TLC) con potencias extrazona como los Estados Unidos y naciones del sudeste asiático.
El destacado periodista, comunicador social y analista de política internacional Augusto Grilli Fox desglosó el intrincado escenario jurídico-diplomático del bloque, la reconfiguración del mapa político sudamericano tras los recientes giros hacia la centroderecha en Perú, Bolivia y Colombia, y la ineludible dependencia comercial que ata los destinos de los dos gigantes del Cono Sur.
Antípodas ideológicas: el choque entre la estrategia corporativa y el aperturismo individual
El foro de Luque expuso de manera nítida los modelos antagónicos de inserción internacional que promueven los socios mayoritarios del bloque fundado en 1991, forzando a las cancillerías a un ejercicio de pragmatismo técnico extremo.
«Principalmente vemos que esta cumbre representa un marco obligatorio de agenda para los actores principales —en referencia a Lula da Silva y a Javier Milei—, en un contexto donde por ahí los dos preferirían no tener que sentarse a discutir o a plantear negociaciones desde las estructuras de sus equipos, dado que se encuentran en las antípodas ideológicas. Esto se evidencia claramente a partir de lo que es el acuerdo Mercosur-Unión Europea, donde curiosamente han tenido roles opuestos. Vimos a un Lula que trató de que este convenio se generara a toda costa, interviniendo personalmente; luego existieron idas y vueltas en relación con la figura de Giorgia Meloni para el momento de la firma final, la cual no se concretó durante su presidencia pro témpore, y el proceso ha quedado en veremos debido a las instancias de discusión que plantea la Unión Europea», analizó Grilli Fox en la entrevista que brindó a FM Vos 94.5.
«Hoy se define más un Lula da Silva pretendiendo fortalecer los movimientos conjuntos del bloque y, por otro lado, a la Argentina tratando de generar estructuras individuales, con Javier Milei que tiene como principal bandera la firma de un tratado de libre comercio con Estados Unidos, en paralelo a acciones para generar acuerdos con Japón y el sudeste asiático», añadió.

El impedimento legal de los acuerdos individuales y la mirada de Washington
La intención de la diplomacia argentina de sellar un entendimiento bilateral de libre comercio con la Casa Blanca choca con los estatutos constitutivos del Mercosur, repitiendo tensiones de la historia reciente del bloque. «Desde mi perspectiva, creo que existe un impedimento legal sustancial en relación a la estructura a la que hoy pertenece la Argentina dentro del Mercosur para poder celebrar convenios comerciales en forma individual. De hecho, esa fue la interpretación jurídica que se hizo en su momento cuando el gobierno anterior de Uruguay pretendió trazar un camino idéntico con China; la limitación institucional, lógicamente con otro peso específico dado que Argentina y Brasil son las naciones con mayor jerarquía del bloque, fue lo que terminó impidiéndolo. La impronta de Javier Milei es un poco más vertical, trata de tomar la decisión y ejecutarla de inmediato, pero la realidad es que este tipo de convenios internacionales conllevan mucho tiempo de implementación técnica y enfrentan trabas legales severas», dijo el especialista.
«Avanzar de lleno con un convenio exclusivo para la Argentina representaría un golpe muy fuerte para la estructura propia del Mercosur. Creo que las presiones van a existir, pero en lo inmediato el avance hacia los Estados Unidos tendría que ser conjunto. Desde lo político, esto opera como una herramienta de presión muy importante frente al propio Lula da Silva respecto de las relaciones internacionales del gobierno de Milei, y por la influencia que puede ejercer en las elecciones de su país contra el sector de Jair Bolsonaro», amplió.
«A los Estados Unidos le sirve mucho más un tratado de libre comercio con el Mercosur entero que con la Argentina de forma exclusiva», opinó.
El factor Venezuela y la realidad del «socio inevitable»
A pesar de las disputas retóricas en torno al ingreso o suspensión de Caracas y la postura doctrinaria pro libre mercado de la Casa Rosada, la matriz productiva del sector automotor y autopartista impone una convivencia forzada. «En el bloque existe una puja político-ideológica constante que va tensionando el ambiente. En estos tiempos actuales donde la institucionalidad y el propio derecho internacional mucho más veces han sido corridos a un lado, prima un pragmatismo importante a la hora de generar presiones mutuas. Por la forma en que se maneja la política exterior argentina, ante una directiva por parte de los Estados Unidos o de Benjamín Netanyahu, el gobierno de Milei la adoptaría de inmediato, tal como adoptó un cambio de posición rotundo ante el conflicto entre Rusia y Ucrania apenas asumió Donald Trump», observó Grilli Fox.
«Es un marco de tensiones lógicas, dado que de forma genuina el gobierno argentino no cree en las políticas regulatorias del Mercosur y prefiere una línea pro libre mercado. La posición hacia Venezuela ha sido firmemente opositora y ahora va tomando ciertos matices con la presidencia de Delcy Rodríguez, configurando un ‘madurismo sin Maduro’ tutelado por Washington», continuó exponiendo.
«Sin embargo, cuando uno llega al hueso de la relación bilateral, se encuentra con que finalmente la Argentina y Brasil son socios comerciales inevitables. Con esto me refiero a que, más allá de que las voluntades políticas de los presidentes no coincidan, ambas naciones van a seguir y tienen que seguir desarrollando sus flujos comerciales debido a la magnitud que representan mutuamente. Para la economía argentina esto es vital: de forma indirecta, cada vez que en Brasil se mueve un punto del PBI, en la Argentina se mueve automáticamente un 0,25. Eso demuestra el impacto del ida y vuelta comercial, asentado fundamentalmente en el sector automotriz y de autopartes, entre otros actores industriales», destacó.
El nuevo mapa político andino: el giro conservador y la fragmentación electoral
La victoria de Keiko Fujimori en los comicios presidenciales de Perú profundiza el desplazamiento del péndulo político de la región, sumándose a los triunfos recientes de Rodrigo Paz en Bolivia y Abelardo de la Espriella en Colombia. «En el caso de Perú se identifica inicialmente un proceso de fragmentación y posterior polarización absoluta, una dinámica que también se observa con claridad en Colombia, donde los procesos electorales terminan definiéndose por los extremos. No se visualizan propuestas integradoras o de unidad nacional; son discusiones entre modelos totalmente antagónicos que terminan dirimiéndose por un margen muy escaso de votos. En Perú observamos un voto que acompaña por conveniencia a los sectores más conservadores concentrado en Lima y en la región del norte, mientras que en la zona andina y rural prevalece un voto de izquierda que es más un sufragio de repudio al fujimorismo que un apoyo a una propuesta orgánica. Roberto Sánchez no representa una izquierda integrada en Perú, sino el nombre que logró unificar el sentimiento antifujimorismo», consideró el entrevistado.
«A nivel regional este fenómeno se repite con matices similares. En Colombia, Abelardo de la Espriella llega a la presidencia aplicando recetas y discursos muy parecidos a los que utilizó Javier Milei en la Argentina. Hay una tendencia de países que viran hacia esa perspectiva bajo un tutelaje ideológico importante de la administración de Donald Trump. La complicación radica en que las dos principales economías latinoamericanas, que son México y Brasil, se mantienen bajo gobiernos de centroizquierda o del progresismo regional. Habrá que ver cómo se ordena ese contrapeso y cómo influyen las elecciones de medio término del 3 de noviembre en los Estados Unidos, las cuales llegan condicionadas por el conflicto en Medio Oriente y la política humanitaria que Washington decida implementar en Cuba y Venezuela», complementó.
La tregua social en Bolivia y el aislamiento de Evo Morales
El analista evaluó la pérdida de centralidad política del exmandatario altiplánico tras los acuerdos alcanzados entre el gobierno de Rodrigo Paz y las organizaciones campesinas del sector rural. «En Bolivia lo que se identifica claramente es un acuerdo del gobierno de Rodrigo Paz con los sectores campesinos para revisar y retrotraer las medidas que generaban un fuerte impacto social. Es a partir de ese consenso que el reclamo sectorial que impulsaba Evo Morales ha quedado aislado, demostrando que en la actualidad Morales carece de la capacidad de representación suficiente para movilizar un voto de izquierda o generar un estallido social que pueda paralizar el país de forma sistémica. Su estructura de poder ha quedado delimitada estrictamente al tópico de Cochabamba, erosionada por las profundas diferencias internas que padece el Movimiento al Socialismo (MAS)», aseveró Augusto Grilli Fox.
«Es evidente que Rodrigo Paz llega a la presidencia capturando una importante masa de votos que históricamente pertenecía al MAS. Estos sectores, en medio de la discusión con el Ejecutivo, han optado por priorizar una instancia de gobernabilidad, entendiendo que restan más de cuatro años de gestión por delante y que los escenarios de desgaste permanente resultaban perjudiciales para todos», examinó.
«El desafío central para el presidente de Bolivia de aquí a fin de año consistirá en convalidar esa legitimidad con los distintos actores sociales y traducir la gobernabilidad a través de la eficacia de su gestión. Habiendo sorteado esta crisis inmediata, resta observar cómo instrumenta un diálogo permanente que estabilice al país», concluyó.







