Gil Pereg va a juicio por el doble crimen de su madre y su tía

La fiscal de homicidios Claudia Ríos elevó este viernes a juicio la causa por el crimen de las turistas israelíes Pyrhia Sarusi (63) y Lily Pereg (54), donde está imputado Nicolás Gil Pereg, hijo y sobrino de las víctimas, respectivamente.

El israelí se encuentra alojado en el penal de Boulogne Sur Mer, imputado por homicidio agravado.

Un crimen brutal

El viernes 11 de enero del año pasado las hermanas arribaron a Mendoza. Las mujeres solían viajar juntas pero, lejos de ser un viaje de placer, la visita tenía como objetivo reunirse con el hijo de esta última y controlar los negocios que llevaba adelante por estas tierras.

Las israelíes se alojaron en un departamento de calle España y el sábado 12 se reunieron con Gilad Saroussy Pereg, quien tras vivir varios años en Argentina había cambiado su nombre por el de Nicolás Gil Pereg.

Las mujeres se reunieron con su familiar en el centro mendocino y luego se tomaron un colectivo para dirigirse hacia el domicilio de este, ubicado en calle Julio Argentino Roca 6079, frente al cementerio de Buena Nueva, en Guaymallén.

Al día siguiente, el lunes 13, Gil Pereg se presentó en la Oficina Fiscal Nº 1 de la Comisaría Tercera de Ciudad. Allí denunció la desaparición de su madre y su tía, explicando que las había visto por última vez el día anterior cuando se retiraron de su casa.

Durante los primeros días reinó la incertidumbre en la causa que lideró Ríos. Extraviadas durante un tour, víctimas de un secuestro o un hecho de inseguridad, eran las hipótesis que surgían en primera instancia.

Con el pasar de los días los pesquisas de la División Búsqueda de Personas, perteneciente a la Dirección de Investigaciones, empezaron a posar las sospechas sobre el hombre que había denunciado el paradero y era familiar de las mujeres: Nicolás Gil Pereg.

Finalmente un pequeño rastro de sangre que divisó Ruca, una perra especializada en la búsqueda de restos humanos perteneciente a la Escuela de Adiestramiento Canino de Mendoza (ESCAM), una ONG que suele colaborar con la Policía de Mendoza, complicó a Gil Pereg.

El cotejo genético con un cepillo de dientes secuestrado en el departamento donde paraban las mujeres, arrojó que el ADN pertenecía a una de ellas. Por esa razón, Gil Pereg fue capturado el viernes 25 de ese mes.

Al día siguiente, el israelí fue imputado por la fiscal Ríos y durante una jornada maratónica se buscaron los cuerpos de las mujeres en el terreno donde residía el acusado. Pasadas las 18, tras más de seis horas de rastrillaje, se encontraron los cadáveres en un sector de la propiedad que estaba en construcción.

Con el caso prácticamente resuelto, el caso de Gil Pereg se transformó en una batalla judicial en la que la Fiscalía trata de elevar cuanto antes la causa a juicio, mientras que la defensa intenta demostrar que su cliente es inimputable. Así, el acusado protagonizó audiencias y episodios carcelarios en los que simula ser un gato.

 

Fuente: El SOL