La indignación envuelve a la comunidad de San Rafael tras conocerse el cobarde robo que sufrió el cuerpo de bomberos. A través de un boquete, delincuentes sustrajeron elementos sanitarios nuevos y una motobomba de alto caudal, herramienta crítica para el abastecimiento de agua en emergencias. Iván Rosales, jefe del Cuerpo Activo, relató el dolor que genera trabajar ad honorem y enfrentar actos que atentan contra la seguridad de todos los vecinos.
El hecho delictivo ocurrió durante la madrugada del pasado viernes en el predio ubicado en calle Severo Ríos al 400. Los autores del robo ingresaron rompiendo una ventana de una obra en construcción destinada a los sanitarios del personal. «Nos han robado otras cosas con anterioridad a las que quizás no les pusimos tanto valor, pero esta vez hicieron un boquete en una ventanita del baño que estábamos construyendo y se llevaron lo que más sentimos: una motobomba de súper utilidad», contó Rosales con indignación al inicio de la nota.
«Con ella cargamos el camión cuando hay una emergencia; si hay un canal cerca, nos abastecemos de agua. Es nuestra herramienta de trabajo. También se llevaron el inodoro, el bidet y el lavamanos, todo nuevo. Duele mucho porque lo hacemos a toda voluntad, tenemos tantas necesidades y, cuando avanzamos un poquito, pasan estas cosas», continuó expresando con dolor.
La economía del sacrificio
El sostenimiento de un cuartel de voluntarios en el interior del país representa una lucha diaria contra los costos fijos y la falta de recursos estables, una realidad que Iván Rosales define crudamente como una gestión de carencias.
Para entender la magnitud del daño, es necesario observar cómo se financia la operatividad del cuerpo. Los cuarteles se sostienen fundamentalmente con aportes mínimos y solidarios. «Nos mantenemos con la colaboración de socios que, muchas veces, aportan apenas mil pesos al mes. También sumamos algún servicio que prestamos en eventos; esa recaudación entra íntegramente al cuartel para poder seguir funcionando», explicó el jefe del cuerpo activo.
Sin embargo, los gastos fijos no dan tregua y compiten directamente con la inversión en equipamiento. «A veces estamos haciendo un mundo para juntar 500 mil pesos para pagar la luz, el internet o los seguros de los aspirantes y cadetes que no están cubiertos por la provincia. Es como una economía familiar: hay que hacer malabares constantes para que las cuentas cierren», comparó con sensatez.
En este contexto, el costo de lo perdido se vuelve una carga casi insoportable para la institución. «Una bomba de este tipo, de primera marca, sale hoy casi dos millones de pesos. Para nosotros es una cifra inalcanzable de forma inmediata; nos costaría muchísimo esfuerzo volver a comprar una herramienta de esa calidad, que es la que garantiza que podamos trabajar bien en una emergencia», manifestó.

Mantener la moral alta en la adversidad
A pesar del golpe emocional y material, el jefe de bomberos enfatizó que la vocación de servicio sigue siendo el motor que evita el cierre de la institución.
«Apenas vimos lo que pasó, hicimos la denuncia y rápidamente nos pusimos a tapar la ventana. Tratamos de ver el vaso medio lleno porque, si no, te dan ganas de dejar todo. Es mucho tiempo y dedicación. Lo que más indigna es la falta de conciencia: es un robo tonto que hace mucho daño a la comunidad en general», comentó.
«Si nos quedamos a mitad de un incendio y no podemos reabastecer el camión porque no tenemos la bomba, ¿qué vamos a hacer? ¿Llenarlo a baldes? Es una locura. Pero trabajamos para mantener alta la moral de mis compañeros; son pruebas que tenemos que superar en este camino de armar un cuartel desde cero», agregó.
Pedido de colaboración y datos de contacto
Desde el cuartel apelan a la solidaridad de los sanrafaelinos, no solo para recuperar la maquinaria sustraída, sino también para recibir cualquier tipo de ayuda que permita continuar con las obras de infraestructura y el mantenimiento del equipamiento.
Para facilitar la identificación del elemento robado, se brindó una descripción de la motobomba: se trata de una máquina marca Honda, de gran tamaño y alto caudal, la cual es fácilmente identificable por su característico tanque de combustible de color rojo. Es una pieza clave para que los bomberos puedan succionar agua de canales o reservorios durante un incendio.
Quienes deseen acercar donaciones o conocer el trabajo que realizan, pueden dirigirse a la ubicación del cuartel en calle Severo Ríos 400 (Rama Caída), donde el cuerpo activo se encuentra todos los sábados por la tarde. Asimismo, para aportar datos sobre el paradero de la bomba o coordinar cualquier tipo de colaboración, los vecinos pueden comunicarse al teléfono de guardia: 260 4274267.
«Le pido a la comunidad que, si alguien la ve o se la ofrecen, nos avise. Ojalá nunca tengan que llamarnos por una emergencia, pero si sucede, queremos tener las herramientas para poder ayudarlos. Nosotros no bajamos los brazos, pero hoy necesitamos la colaboración de la gente y de la policía para recuperar lo que es de todos», concluyó Iván Rosales, reforzando el pedido de compromiso ciudadano frente a este hecho que afecta la seguridad de todo el distrito.







