El Valle de Uco enfrenta año tras año el desafío del granizo, un fenómeno climático que amenaza la producción agrícola y pone en jaque a cientos de productores.
Carlos Dávila, vicepresidente de la Cámara de Comercio de Tunuyán, analizó para Diario San Rafael y FM Vos 94.5 la problemática del granizo en la región y las posibles soluciones, en un contexto donde los pequeños y medianos productores son los más afectados y la sostenibilidad de la agricultura regional está en riesgo.
“El granizo es un enemigo histórico para el Valle de Uco. Cada temporada vemos cómo los cultivos sufren daños irreparables y los productores quedan al borde del abismo. Es una situación recurrente que necesita soluciones integrales y sostenibles”, destacó Dávila, poniendo en evidencia el impacto devastador de este fenómeno natural.
En regiones como San Carlos, Tunuyán y Tupungato, el granizo afecta principalmente cultivos como la vid, el tomate y el ajo. Según Dávila, “los pequeños productores son los que más sufren, porque no tienen las herramientas ni los recursos para mitigar estas pérdidas. Muchos de ellos están abandonando la actividad porque ya no es rentable ni sostenible”.
En los últimos años, el uso de generadores de superficie ha sido una de las estrategias implementadas para tratar de disolver las nubes graniceras. “Es una tecnología similar a la de los aviones que actúan contra el granizo, pero no es suficiente. Necesitamos soluciones más concretas, como la instalación masiva de mallas antigranizo, que es la única herramienta verdaderamente efectiva para proteger los cultivos”, afirmó el vicepresidente de la Cámara.
Dávila expresó su preocupación por la situación de los pequeños y medianos agricultores, quienes enfrentan serios obstáculos para continuar con su actividad. “Es una realidad preocupante. Cada vez son más los pequeños productores que deciden abandonar sus tierras porque no pueden afrontar los costos de las pérdidas ni de las herramientas necesarias para prevenirlas”, señaló.
Este fenómeno también tiene un impacto generacional. “Las nuevas generaciones no quieren continuar con el legado familiar porque ven que la agricultura ya no es viable. Esto es una pérdida cultural y económica para toda la región”, agregó Dávila.
Una de las mayores limitaciones para enfrentar el granizo es la falta de financiamiento adecuado. “Necesitamos créditos accesibles y competitivos para que los productores puedan invertir en tecnología. En otros países, los agricultores cuentan con herramientas financieras que aquí son inalcanzables. Esto marca una gran diferencia en la capacidad de respuesta”, explicó.
Según Dávila, el costo de las mallas antigranizo es elevado, pero su beneficio a largo plazo es incuestionable. “Si logramos implementar un plan de financiamiento para la colocación de mallas, podríamos evitar pérdidas millonarias y garantizar la sostenibilidad de la producción. Es una inversión que vale la pena”, subrayó.
El rol del gobierno y del sector privado es fundamental para abordar esta problemática de manera integral. “No podemos enfrentar este desafío solos. Necesitamos una colaboración efectiva entre los sectores público y privado para desarrollar políticas que impulsen la colocación de mallas antigranizo y mejoren los seguros agrícolas”, afirmó Dávila.
Si bien los seguros agrícolas han mostrado avances en los últimos años, aún no logran ser completamente funcionales. “Hay que trabajar para que los seguros sean más accesibles y eficaces. No pueden ser un lujo que pocos se pueden permitir. Tienen que ser una herramienta al alcance de todos los productores”, enfatizó.
Para Dávila, la clave está en la planificación y en la toma de decisiones basadas en datos concretos. “No podemos seguir improvisando. Es necesario un plan a largo plazo que contemple soluciones estructurales y tecnología de vanguardia para enfrentar el cambio climático y sus consecuencias”, declaró.
El vicepresidente de la Cámara también destacó la importancia de la concientización sobre la problemática del granizo. “Es fundamental que la sociedad entienda el impacto de este fenómeno y la importancia de proteger a nuestros productores. La agricultura no es solo un sustento económico, sino también una parte esencial de nuestra identidad como región”, concluyó.







