El presidente estadounidense Donald Trump fue el primero en salirse del Acuerdo de París y dejar a un lado a la Organización Mundial de la Salud. El magnate descree del cambio climático, está dispuesto a contaminar sin prejuicio el planeta y sostiene que la Organización Mundial de la Salud no sirve para nada. Asimismo, considera que la OMS propició daños con un errático plan sanitario durante la pandemia de coronavirus.
Aquí, en los confines del planeta, el libertario Milei opina igual y sacó a la Argentina de la OMS señalando que la organización falló en su mayor prueba de fuego y promovió cuarentenas «eternas sin sustento científico» cuando le tocó combatir la pandemia.
Argumentar en contra de esta posición sería una pérdida de tiempo, ya que el gobierno de La Libertad Avanza cree desde su asunción librar una cruzada -o “batalla cultural” como le llama- para refundar no solamente la Argentina, sino el planeta. Su objetivo es moldear la humanidad, establecer un nuevo orden, y para hacerlo su decisión fue aislarse de los organismos internacionales. Frente a ello, no debería sorprender que el próximo paso sea apartarse de la ONU.
Abandonar la Organización Mundial de la Salud, que es un organismo técnico de la ONU, supone perder una línea de información y asesoramiento sobre la situación sanitaria frente a riesgos serios. Argentina ya no trabajará en programas de vacunación, nutrición y acceso a medicamentos esenciales que desarrolla la OMS.
La Organización Mundial de la Salud es la que establece los estándares internacionales en medicina y seguridad sanitaria. ¿Quién fijará esos patrones indispensables para la Argentina, el mercado?
Salirse de la OMS es convertirse en un náufrago en un mundo globalizado. O Trump y Milei son visionarios, O Milei es un visionario o padecen una intermitente alienación que -lamentablemente- pareciera profundizarse.




