Padre José Ceschi
“El que se adorna de una sabiduría aparente, cuando tiene su alma entregada a la corrupción, no difiere del malvado, que durante el día parece honrado, al paso que por la noche se ocupa de robar».
Esta reflexión lleva la firma de Confucio, mostrándonos un perfil bastante aproximado del hipócrita. (La diferencia con nuestro tiempo es que, lamentablemente, los robos más grandes no se realizan de noche sino a plena luz del día. Y son, además, de guante blanco…).
Un escritor sincero y frontal, José Ingenieros, en «El hombre mediocre» dedica algún espacio a describir su figura repudiable:
«La hipocresía es el arte de amordazar la dignidad. Ella hace enmudecer los escrúpulos en los hombres incapaces de resistir la tentación del mal. Es falta de virtud para renunciar a éste y de coraje para asumir su responsabilidad. Es el abono que fecundiza los temperamentos vulgares, permitiéndoles prosperar en la mentira: como esos árboles cuyo ramaje es más frondoso cuando crecen en inmediaciones de las ciénagas.
Hiela, donde ella pasa, todo noble germen de ideal: zarzagán del entusiasmo. Los hombres rebajados por la hipocresía viven sin ensueño, ocultando sus intenciones, enmascarando sus sentimientos, dando saltos como el eslizón. Tiene la certidumbre íntima, aunque inconfesa, de que sus actos son indignos vergonzosos, nocivos, arrufianados, irredimibles. Por eso es insolvente su moral: implica siempre una simulación.
Ninguna fe impulsa a los hipócritas; no sospechan el valor de las creencias rectilíneas. Esquivan la responsabilidad de sus acciones, son audaces en la traición y tímidos en la lealtad. Conspiran y agreden en la sombra, escamotean vocablos ambiguos, alaban con reticencias ponzoñosas y difaman con afelpada suavidad. Nunca lucen un galardón fundible: cierran todas las rendijas de su espíritu por donde podría asomar desnuda su personalidad sin el ropaje social de la mentira…».
Típico estilo de Ingenieros. Con palabras infrecuentes (zarzagán= viento helado; eslizón=especie de lagarto), pero con una fuerza irrefrenable. Su modo de escribir respondía a una época lejana. Su mensaje de fondo es tan actual como entonces.
¡Hasta el domingo!







