Impuestos, costos y tecnología: las tres barreras que frenan el potencial de la industria argentina según la UIA

Mauricio Badaloni, referente de la Unión Industrial Argentina (UIA) y empresario de peso en Mendoza, analiza con crudeza la realidad de un sector que atraviesa una recuperación heterogénea. Entre la caída del consumo, la falta de tecnología y la asfixia fiscal, Badaloni advierte que el éxito de las reformas actuales dependerá de la capacidad del Estado para eliminar las distorsiones que hoy hacen que producir en Argentina sea mucho más caro que en el resto de la región.

Una recuperación a dos velocidades

La actualidad industrial argentina no admite definiciones simplistas. Mientras algunos sectores vinculados a la exportación comienzan a mostrar signos vitales, otros, especialmente en el mercado interno, enfrentan una capacidad instalada ociosa preocupante. «La situación es muy heterogénea. Si comparamos con el pico de consumo de 2022-2023, la mayoría de las industrias están en números negativos. Sin embargo, en la comparación mes a mes, vemos una pequeña recuperación, aunque los volúmenes siguen siendo bajos», analizó Mauricio Badaloni ante los micrófonos de FM Vos 94.5.

«En Mendoza, la agroindustria ha reportado mejoras y la exportación evoluciona, pero la metalmecánica y los productos relacionados con la construcción no tienen signos positivos. Alimentos y bebidas van recuperando terreno, pero no llegan a los indicadores de años anteriores», indicó.

El Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI) despierta expectativas, pero también interrogantes sobre cuánto de ese derrame llegará efectivamente a las pymes locales

El peso del «Estado socio»: impuestos y costos laborales

Para Badaloni, el debate sobre la competitividad está viciado por un mensaje estatal que, a su criterio, distorsiona la realidad del sector privado. La reforma laboral y la impositiva son, para la UIA, los dos pilares innegociables para sobrevivir. «Se despotrica mucho sobre la industria, pero no hay posibilidad de ser competitivos si mantenemos la presión impositiva actual. Más del 40 o 50% de lo que producimos se va en impuestos, tasas, servicios y burocracia. Y no hablo solo de grandes empresas, sino también del kiosco o el comercio local. Necesitamos la reforma laboral no para bajar salarios, sino para reducir los costos relacionados con el trabajo», sostuvo.

«Sin nivelar la cancha, es imposible competir. Un ejemplo claro es la industria automotriz: un vehículo cuesta un 30% menos en Chile que acá, y ese problema no es del fabricante, es de los impuestos internos», aseguró.

RIGI, minería y el rol de China

El Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI) despierta expectativas, pero también interrogantes sobre cuánto de ese derrame llegará efectivamente a las pymes locales si se facilita la importación de insumos. «El desarrollo de la inversión externa es vital para fortalecer nuestra moneda. Vaca Muerta y la minería son los grandes drivers que pueden hacer crecer a Mendoza, San Juan y Neuquén. Ahora, sobre la metalmecánica, el desafío es la tecnología. Hay industrias que necesitan innovar en procesos productivos para parecerse a cómo produce el mundo», observó Badaloni.

«Mencionamos a China, pero ellos juegan otra liga; su formato es una guerra de exportación para ganar mercados con la que no podemos competir hoy. Nuestro problema es la falta de financiamiento: en Argentina el crédito al sector privado es del 8%, mientras que en Brasil o Chile ronda el 80%», comparó en otro tramo del reportaje.

La trampa de los Ingresos Brutos y el costo energético

El empresario mendocino puso especial énfasis en las distorsiones provinciales que anulan los esfuerzos nacionales por fomentar las exportaciones, señalando a los impuestos en cascada como el principal enemigo de la transparencia de precios. «El mensaje de Milei de bajar impuestos nacionales es correcto, pero las principales distorsiones están en las provincias con Ingresos Brutos. Un producto que exportamos desde Mendoza no tiene devolución de este impuesto; es un extracosto que la sociedad no ve, pero que nosotros tenemos que poner en el precio final», aseveró el empresario.

“Por otro lado, la competitividad también se busca vía inversión: las empresas que instalaron paneles fotovoltaicos hoy tienen un costo energético menor y son más competitivas. Esa es la vía para defenderse, pero no todas las industrias han podido hacer esa inversión tecnológica», añadió al final de la conversación.

«Lo que pedimos es mejorar la comunicación y transparentar las problemáticas estructurales para, finalmente, nivelar la cancha. Una vez que las reglas sean claras para todos, que gane el que mejores condiciones tenga, el que más innove y el que sea más eficiente. Esa es la imagen que pretendemos para la industria, el comercio y, fundamentalmente, para todo el sector privado argentino», concluyó.