La alfalfa tiene una larga tradición en la producción de carne y leche en Argentina. Sin embargo, hasta hace unos años, solo se la pensaba cortada “a dientes” o bien en pequeños fardos.
Hoy, la dinámica mundial de los agronegocios permite pensar en una producción de megafardos en contraestación de 450 kilos para el mercado local o hasta 900 para exportar.
En Argentina, hay distintas zonas donde se presentan buenas condiciones para la producción de esta alfalfa, que debe reunir ciertas características, y el clima juega un papel fundamental. Los climas más bien secos le sientan bien y en San Rafael se ha dado un importante crecimiento en la actividad.
Nuestro departamento se ha consolidado como el más importante productor de alfalfa de Mendoza. En total, según las estadísticas del RUT, hay implantadas 5.900 hectáreas, mientras que el segundo departamento en producción es Alvear con 1.600.
En total, entre ambos departamentos suman 7.600 de las 10.800 hectáreas cultivadas en Mendoza. El resto de la superficie se divide con poco más de 1.000 hectáreas en Lavalle, mientras que San Carlos y Tunuyán suman unas 500 hectáreas cada uno.
Sobre esta producción, Diego Guerrero, un ingeniero agrónomo, productor familiar y asesor del sector, explica que “las condiciones ambientales nos dan un pasto de mucha mejor calidad que el de la Pampa Húmeda porque no tenemos lluvias en la época de corte y secado, el mundo demanda alto contenido de proteína y acá lo podemos lograr”.
“Vemos una gran oportunidad, porque es un producto con un precio excelente, con una demanda que no tiene techo, y dicen que China en los próximos años tendría capacidad para demandar todo el pasto que hoy se ofrece en el mundo”, contó Guerrero. En Mendoza muchos han empezado a producir alfalfa para megafardos en las fincas que antes eran hortícolas.
“La gente acá ha ido reconvirtiendo sus parcelas y está más tranquila con el clima, porque el granizo ya no es una amenaza tan severa, a lo sumo con la alfalfa perdés un corte. Con los frutales o las uvas perdés todo un año de trabajo, incluso dos”, concluyó Guerrero.







