La provincia de Mendoza atraviesa días críticos por los incendios forestales. Solo en lo que va de la semana se contabilizaron más de 100 focos ígneos, con San Rafael como uno de los principales epicentros.
Durante el último fin de semana, en nuestro departamento se registraron cerca de 40 incendios en un solo día, lo que marcó un récord de intervenciones para bomberos, brigadistas y Defensa Civil.
En promedio, las cuadrillas deben enfrentar 10 siniestros diarios, una situación que pone en jaque los recursos humanos y logísticos disponibles.

Aunque en algunos casos los incendios se originan de manera accidental, la mayoría son provocados por la mano del hombre. Una práctica habitual es el uso del fuego para desmalezar campos, donde las llamas terminan “saliéndose de control” y consumiendo extensiones mucho mayores a las previstas.
FUEGO COMO HERRAMIENTA DE CAZA
Pero hay una modalidad aún más peligrosa e insólita: el uso del fuego como herramienta de caza.
Así lo advirtió el titular del Plan Provincial de Manejo del Fuego, Diego Martí, quien -en declaraciones a la prensa- reveló que algunas personas provocan incendios deliberados con el objetivo de acorralar liebres o jabalíes, una práctica que no solo es ilegal sino devastadora para el ecosistema.
“Lo prenden fuego por la cacería de liebres o chanchos, o dueños de fincas para limpiar”, remarcó el funcionario, quien pidió a la población tomar conciencia sobre los daños irreparables que estas prácticas generan en el ambiente y en el suelo.
Un ejemplo duro es el incendio de gran magnitud en la zona de Alto del Algarrobal, al norte del río Diamante, que consumió más de 1.600 hectáreas. El fuego afectó gravemente la flora autóctona y el monte nativo, dejando secuelas ambientales que tardarán años en recuperarse.
Las condiciones climáticas, anticipan una temporada de incendios crítica en todo el sur provincial. Ante este escenario, las autoridades reiteran el pedido de responsabilidad ciudadana y recuerdan que prender fuego en zonas no autorizadas constituye un delito que pone en riesgo no solo al ambiente, sino también a las comunidades rurales.







