El sector metalúrgico, termómetro histórico de la actividad económica en Mendoza y el país, atraviesa un inicio de 2026 marcado por cifras críticas. Con una caída acumulada del 21% respecto a niveles de prepandemia y una parálisis casi total en sectores clave como la vitivinicultura y la construcción, las fábricas locales luchan por sostener su estructura. Fabián Solís, presidente de la Asociación de Industriales Metalúrgicos de Mendoza (ASINMET), analizó para este medio de comunicación la profundidad de la recesión, el impacto de los fondos de Portezuelo y el complejo escenario laboral que enfrentan las empresas.
Una estructura ociosa y motores apagados
Los últimos datos elaborados por ADIMRA (Asociación de Industriales Metalúrgicos de la República Argentina) confirman una tendencia preocupante: la capacidad instalada de las empresas metalúrgicas está lejos de su potencial, reflejando una contracción que no distingue fronteras provinciales. «La lectura de los indicadores es alarmante. Si comparamos febrero de 2026 con el mismo mes de 2023, la caída acumulada alcanza el 21%. Esto se traduce directamente en nuestras fábricas: de cada diez máquinas disponibles en el país, hoy solo funcionan cuatro. En Mendoza el número es levemente superior, pero la baja sigue siendo drástica. El impacto es sistémico y ha golpeado la médula de nuestra capacidad industrial», aseguró Solís en diálogo con FM Vos 94.5.
Los factores de la parálisis industrial
Según la visión de la Asociación de Industriales Metalúrgicos de Mendoza (ASINMET), la crisis actual que atraviesa el sector es el resultado de una «tormenta perfecta» en la que sus principales clientes han dejado de demandar servicios y bienes de capital de manera simultánea. Esta caída multicausal tiene su primer foco en el sector energético con el repliegue de YPF. El traslado de los pozos maduros de la petrolera estatal hacia otras operadoras ha impactado de lleno en el entramado pyme local. «Estas empresas no han empleado la misma cantidad de empresas metalúrgicas ni de personal como lo hacía YPF; ese recurso no ha ido a sostener otra actividad y se ve una baja importante», explicó Fabián Solís.
A este escenario se suma la situación en la vitivinicultura y el mercado de maquinaria. El sector bodeguero ha frenado la inversión en equipos nuevos y, cuando lo hace, suele recurrir al mercado externo o a la adquisición de maquinaria usada. «Los fabricantes locales, que tanto se destacaron por proveer a las bodegas, hoy no lo están haciendo. La oportunidad de comprar equipos de segunda mano deja a la industria nacional prácticamente inactiva», señaló el dirigente.
Por otra parte, el freno en la construcción y la minería completa el cuadro de recesión. Mientras la obra pública nacional permanece paralizada y la provincial no alcanza para traccionar a todo el sector, la actividad minera en Mendoza se encuentra en una etapa de exploración que todavía no genera demanda real de manufactura. «Mendoza aún no arranca; hay exploraciones, pero los especialistas que se dedican a la minería hoy están trabajando fuera de nuestras fronteras», consideró.

La paradoja de los fondos de Portezuelo
A pesar de la llegada de los 1.023 millones de dólares correspondientes al resarcimiento de la promoción industrial y que estaban en un principio destinada a la frustrada obra hídrica de Portezuelo del Viento, el sector metalúrgico asegura que el impacto de ese dinero en la industria local es nulo hasta el momento. «Entendemos que los fondos de Portezuelo no se ven reflejados en nuestro sector porque han sido destinados a infraestructura vial: la ruta 143 que une el Valle de Uco con San Rafael, las rutas 40 y 7, o el Tren de Cercanías del Este. Es infraestructura necesaria y deteriorada que beneficia a otros rubros, pero la metalurgia no ha sido parte de esa dinámica», remarcó el titular de ASINMET.
«Nuestra salida sigue estando vinculada al desarrollo energético y minero, pero debemos tener paciencia; sabemos que no está a la vuelta de la esquina», continuó diciendo.
La cadena de pagos y el factor humano
La crisis financiera ha comenzado a afectar severamente la administración diaria de las pymes metalúrgicas, obligando a los empresarios a realizar malabares para sostener la operatividad y mantener la paz social dentro de sus plantas. Dicha fragilidad se manifiesta principalmente en una cadena de pagos en riesgo que atraviesa a todo el sector. «El que trabaja tiene dificultades para cobrar, y el que no cobra tiene dificultades para pagar; la cadena está muy complicada», describió el entrevistado.
Ante la escasez de liquidez, las empresas han establecido un orden de prioridades estricto. «En la industria priorizamos los sueldos y el cumplimiento con los proveedores, que son nuestros aliados estratégicos, pero la contracción se siente en todas las provincias metalúrgicas por igual, no somos la excepción», aclaró.
Sin embargo, el ajuste ha impactado de lleno en el bolsillo de los empleados a través de lo que Solís denomina el fin de las horas extras. «La metalurgia siempre se caracterizó por generar horas adicionales que engrosaban el sueldo del trabajador; hoy eso ya no existe. También han caído los bonos de producción», indicó.
Aunque la voluntad empresaria es contener al recurso humano para no perder el oficio, la profundidad de la recesión ya muestra sus consecuencias más amargas. «Priorizamos que la ‘columna vertebral’ de la industria esté contenida, pero lamentablemente ya han comenzado a producirse despidos en el sector», confirmó con preocupación.
Formación de cara al futuro
Pese al contexto negativo, ASINMET apuesta a la capacitación del relevo generacional, trabajando en conjunto con el sistema educativo para no perder el oficio técnico. «Estamos haciendo un trabajo muy fuerte en la formación de recurso humano en el norte de Mendoza, similar a lo que se hace en la zona sur. Trabajamos con los municipios y la Dirección General de Escuelas para captar a los egresados de escuelas técnicas», enfatizó Sólis.
«No podemos permitirnos perder ese talento; les hacemos una inducción al sector y los preparamos para que, en el momento en que la actividad se vuelva efectiva y los motores del desarrollo se enciendan, el personal esté listo y a disposición», cerró con un tono esperanzador.







