Referente del empresariado mendocino y miembro de la Comisión Directiva de la Unión Industrial Argentina (UIA), Mauricio Badaloni analiza el complejo presente de la industria nacional. En una extensa charla con FM Vos 94.5, el dirigente advierte que el modelo de «ambiente cerrado» ha terminado, exponiendo la falta de competitividad frente al mundo. Desde el impacto del cierre de FATE hasta las deudas pendientes de la reforma laboral y fiscal, Badaloni traza una hoja de ruta donde la transparencia, la baja de impuestos y la inserción internacional aparecen como las únicas salidas para un sector que hoy trabaja al 50% de su capacidad.
El conflicto de FATE y el agotamiento del modelo sindical
La situación de la empresa FATE y el paro convocado por la CGT son, para Badaloni, síntomas de una Argentina que se resiste a aceptar que el mundo cambió. Para el dirigente de la UIA, el reclamo gremial actual carece de la visión propositiva que requiere la industria moderna. «Lo de FATE está muy vinculado a la falta de competitividad que tiene hoy la industria en Argentina; es una situación casi irreversible. Mientras el país estaba cerrado, el escenario de competitividad era más simple, pero hoy los reclamos gremiales y los aumentos que se venían dando han hecho mella», consideró al principio del reportaje.
«La medida de fuerza de la CGT parece parte del pasado; la sociedad siente que estas acciones no ayudan. El sistema de modernización laboral no es un capricho, es la adaptación de Argentina al mundo moderno y, principalmente, a los jóvenes», definió.
Previsibilidad: la verdadera meta de la reforma laboral
Aunque Badaloni aclaró que una ley no genera empleo formal de forma automática, destacó que la reciente reforma otorga una herramienta vital para las PyMEs: la certeza jurídica. «La ley da mucha previsibilidad a las indemnizaciones. Como pasa en el resto del mundo, tanto la toma de personal como la rescisión deben ser cuestiones simples. Hoy en Argentina litigamos en varias provincias y vemos fallos con criterios disparatados», comentó al respecto.
«Para una PyME mendocina, un mal litigio puede significar la quiebra o tener que vender sus activos. No podemos seguir defendiendo banderas de conquistas en detrimento de tener más gente en blanco; hoy tenemos más del 50% de informalidad y eso es lo que hay que atacar», opinó en ese tramo de la charla.
Competitividad y voracidad fiscal
Uno de los puntos más críticos que señaló el directivo de la UIA es la brecha impositiva que separa a la Argentina de sus competidores directos, como Chile, y cómo esto impacta directamente en el bolsillo del consumidor final.
En cuanto al costo de los impuestos, Badaloni buscó desmitificar la postura empresarial. «Se dice que el sector quiere pagar menos salarios, pero en realidad lo que buscamos es que el costo impositivo laboral sea como en Chile, donde es la mitad. Reducir esa carga permitiría mejores sueldos netos para el trabajador sin incrementar el costo de producción», explicó.
Para combatir la informalidad, destacó una propuesta clave de la entidad: la compensación IVA-Aportes. «La idea es relacionar los aportes patronales con el IVA; mientras la empresa va pagando el impuesto al valor agregado, genera compensaciones. Esto es un estímulo directo a la formalización, porque si estás en negro no tenés forma de compensar nada. Es un esquema de ganar-ganar para la empresa, el trabajador y el Estado», detalló el empresario mendocino.
Asimismo, advirtió sobre el alarmante estado de la capacidad ociosa en las fábricas. «Hoy la mitad de la capacidad instalada de la industria está paralizada. Hemos perdido más de 60.000 puestos de trabajo industrial en los últimos dos años. Si bien la apertura de importaciones ayudó a anclar precios contra la inflación, la industria local sigue atrapada con los mismos costos de siempre y una voracidad fiscal que no baja», indicó, señalando que al producir a media máquina vuelve insostenible cualquier estructura de costos a largo plazo.
La industria en Mendoza: desafíos y reconversión
Al analizar la situación provincial, Badaloni observó un panorama mixto. Si bien reconoció esfuerzos en la simplificación de tasas, expuso que la falta de un sistema financiero propio limita las herramientas de aliento a la inversión. «Mendoza tiene pocos recursos financieros porque no cuenta con un banco propio para subsidiar tasas de forma relevante. Aun así, el Ministerio de Producción ha eliminado muchas tasas por un valor de 1.200 millones de pesos y existen créditos razonables para el sector exportador de mosto y jugos. Sin embargo, hay que seguir presionando para bajar Ingresos Brutos», enfatizó.
«No tiene sentido un impuesto del 7% al financiamiento o tasas de sellado del 1,75% para contratos; eso no estimula nada, especialmente cuando la inflación empieza a bajar y esos porcentajes pesan mucho más», agregó.
El futuro: mercados internacionales y adaptación climática
A pesar del parate en sectores como la metalmecánica y el automotriz —donde un auto fabricado en Córdoba es más caro que uno traído de Francia—, Badaloni ve una luz de esperanza en los acuerdos comerciales internacionales. «Hay buenas expectativas con las aperturas comerciales hacia Estados Unidos y Europa. Mendoza puede beneficiarse mucho en materia agrícola y ganadera, especialmente en la zona sur con los convenios de carne. También veo una reconversión fuerte en los cultivos: el mundo ya no intenta modificar el clima, sino adaptarse a él, invirtiendo en lucha antigranizo y nuevos tipos de plantaciones», apuntó.
«El desafío ahora es la reforma fiscal a nivel nacional; ahí es donde aparecerá el verdadero efecto de competitividad que necesitamos para dejar de trabajar a media máquina», cerró.







