Tras conocerse el índice de inflación del 2,9% para el mes de enero de 2026 aplicando la ponderación establecida en el 2004, el escenario económico argentino muestra señales de una tensión persistente. Para el economista José Vargas, el número —que en Mendoza alcanzó el 3%— no es una sorpresa, sino la consecuencia de un reajuste de variables que, sin un plan de fondo, mantienen la presión al alza. En una charla detallada ante nuestro medio de comunicación, Vargas analizó desde la polémica metodología del INDEC hasta el fenómeno del «carry trade» y la delicada situación de las PYMES en una economía que crece a velocidades muy distintas.
Radiografía del aumento: tarifas, combustibles y alimentos
A pesar de la expectativa oficial por una desaceleración, los precios siguen empujando. Según Vargas, la estructura de costos actual tiene motores muy claros que impactan de lleno en el bolsillo familiar. «Estamos observando un verdadero reacomodamiento de variables que ya lleva varios meses. Inciden el aumento de combustibles, las tarifas de servicios públicos y una logística que no da respiro. Particularmente, alimentos y bebidas es el rubro más sensible porque recibe el impacto de los insumos importados y los costos de transporte», indicó José Vargas ante la audiencia de FM Vos 94.5.
«Al no haber un plan de estabilización integral, se hace muy difícil que la inflación tienda a la baja de manera sostenida. Las familias ya vienen notando un ajuste fuerte en la canasta básica desde hace más de tres meses», aseguró.
La polémica del INDEC: credibilidad en juego
Uno de los puntos más discutidos fue la decisión del gobierno de postergar la nueva metodología de medición, la cual, según estimaciones, habría arrojado un número superior al 2,9% oficial. «Fue una situación totalmente innecesaria. El gobierno trabajó todo el año pasado en una nueva metodología que ya estaba lista, pero por una decisión política no se implementó. Está claro que con el nuevo esquema, que otorga más ponderación a las tarifas (en medio de la quita de subsidios), el índice hubiera dado más alto», aseveró Vargas.
«Esta decisión le quita credibilidad al INDEC justo cuando más necesita confianza técnica para anclar expectativas. Es una señal de que el índice no era tan bajo como el gobierno esperaba para esta altura del año», agregó.

El misterio del dólar y el riesgo país
A pesar de la inflación, el dólar se mantiene quieto e incluso tiende a la baja, un fenómeno que Vargas atribuye a una combinación de factores locales e internacionales. «El dólar baja por el ingreso de divisas vía endeudamiento privado y provincial, pero sobre todo por una apuesta fuerte al carry trade (vender dólares para apostar a tasas en pesos). Además, hay un fortalecimiento de las monedas globales contra el dólar», explicó.
«El gobierno se siente cómodo con un dólar cerca de los $1.380 porque quita presión a los precios internos, pero esto implica una pérdida de competitividad internacional. Por otro lado, aunque el riesgo país bajó de los 500 puntos, la tasa de interés sigue siendo prohibitiva para el sector productivo», añadió.
Una economía de dos velocidades
Vargas describió un panorama donde la recuperación no es pareja. Mientras algunos sectores logran cifras muy positivas, el motor principal de la generación de empleo se encuentra estancado o en retroceso, configurando una realidad fragmentada. En el grupo de los ganadores del modelo, el especialista identifica rubros con una dinámica propia y desconectada del consumo masivo: «Hay dos o tres sectores a los que les va muy bien: el energético, el agro y los servicios financieros. Estos sectores están aprovechando la coyuntura, pero no logran traccionar al resto de la economía. Esta falta de efecto derrame genera que los buenos números de las exportaciones o de la rentabilidad financiera no se traduzcan en una mejora del bienestar general», analizó.
Por el contrario, el comercio y las pymes atraviesan un presente crítico. Según Vargas, el comercio minorista y las pequeñas empresas están en una situación sumamente delicada. «Son el motor de la economía y hoy están sufriendo las consecuencias de una política que se olvida del consumo interno. Les han soltado la mano y pretenden que se las arreglen solos en un contexto de costos altísimos», observó, subrayando que la falta de poder adquisitivo de los salarios es el principal freno para estas unidades productivas.
Asimismo, el experto hizo hincapié en el freno de la construcción, una actividad históricamente dinamizadora de la economía social. «Sin financiamiento hipotecario ni crédito a tasas razonables, y con el costo de los materiales en ascenso constante, es uno de los rubros que más siente la parálisis. Esta detención no solo afecta la inversión en infraestructura, sino que golpea directamente los niveles de empleo, tanto en los sectores informales como en la mano de obra especializada, agravando el cuadro de recesión en las zonas urbanas», remarcó.
El eslabón perdido: el financiamiento
Para el economista, el programa actual carece de una pieza fundamental: el financiamiento. «Hoy el financiamiento es la clave para la reconstrucción. Cualquier PYME necesita crédito a mediano y largo plazo con tasas que no sean usurarias. Al gobierno no le conviene bajar demasiado la tasa porque quiere mantener el dólar planchado, pero sin ese motor, la actividad económica no va a resurgir», advirtió.
«Hoy tenemos servicios financieros con ganancias elevadas, pero que no se vuelcan al crédito productivo. Llegar al año que viene con equilibrio fiscal e inflación baja es la meta, pero el costo social y productivo de este ‘enfriamiento’ es sumamente elevado», sostuvo el reconocido economista al cierre del reportaje.







