Tras conocerse el índice de inflación de febrero, que el INDEC situó en un 2,9%, el debate económico se traslada a la dificultad del indicador para perforar ese número y la percepción de una actividad que, según el sector, oscila entre la euforia y el estancamiento. El economista Daniel Garro analizó en diálogo con 94.5 FM Vos la «letra chica» del índice, el fenómeno de la emisión secundaria de las billeteras virtuales y por qué el consumo no ha desaparecido, sino que ha mutado hacia nuevas estructuras que los indicadores tradicionales no logran captar.
La anatomía del 2,9%: precios relativos y el peso de la carne
Para Garro, el número de febrero muestra señales mixtas. Si bien el índice parece haber encontrado una resistencia para seguir bajando, un análisis desagregado permite según él ver tendencias más alentadoras hacia el segundo semestre. «El número viene siendo un poco más alto que en los meses anteriores; al IPC le está costando seguir para abajo. Pero si tomamos la inflación núcleo, que dio 3,1%, y le sacamos el componente carne, estamos en un 2,2%. La incidencia de la carne es muy potente en el número final. Además, tuvimos un fuerte ajuste en los regulados (tarifas), que no solo inciden directamente, sino que impactan en el resto de los bienes por el costo de la energía», detalló al principio del reportaje.
«Es una reestructuración de precios relativos que todavía vamos a tener, pero que permitiría que, de mitad de año en adelante, el número empiece a dar lentamente algo más bajo», pronosticó.
El «dinero invisible»: billeteras virtuales y emisión secundaria
Uno de los puntos más técnicos y reveladores del análisis de Garro reside en cómo la tecnología financiera está ralentizando la desinflación a través de un mecanismo que denomina «emisión secundaria». «El sistema financiero genera una emisión que el ciudadano no percibe. Vos colocás dinero en una billetera virtual que te paga una tasa. Para pagarte, esa billetera coloca la plata en un banco en un plazo fijo a 30 días. Pero vos mañana vas a la panadería y usás ese dinero con el QR. En la economía física, tendrías que tener el billete en el bolsillo; acá, el dinero está ‘trabajando’ en un banco y a la vez circulando en la calle para comprar pan», examinó el economista.
«Eso aumenta los precios porque infla la oferta monetaria de forma secundaria. Es un juego de ajedrez donde el Gobierno mantiene encajes altos para que esto no vuele, pero si los sube al 100%, la tasa de interés se iría a las nubes y ahí sí se desploma la actividad», explicó.
¿Consumo planchado o consumo transformado?
Frente a la percepción de una parálisis económica, cierre continuo de industrias y la recurrente queja sobre la «falta de plata en la calle», el análisis de Daniel Garro propone una lectura más compleja: la actividad no se ha detenido, sino que ha mutado hacia sectores y modalidades que los indicadores tradicionales, basados en el comercio de proximidad, no logran captar en su totalidad.
Para el experto, la noción de una economía estancada no coincide con la realidad de las industrias de base. «No veo una actividad planchada. El campo, los minerales, el petróleo y la energía están teniendo una dinámica muy fuerte impulsada exclusivamente por la inversión genuina», afirmó.
Según su visión, estos sectores son los que hoy sostienen los números macro, aunque su impacto no sea tan visible en el día a día del comercio minorista.
Un factor determinante en esta percepción es el boom del e-commerce, que ha alterado la fisonomía de las ciudades. «Dicen que los supermercados dan negativo, y es lógico: la gente ya no va tanto, ahora pide por plataforma y se queda en su casa. En los dos años de gestión de Milei, el comercio electrónico ha tenido crecimientos de tres dígitos», explicó Garro.
Como ejemplo concreto, citó los balances de Mercado Libre, cuyo CEO es afín al gobierno nacional. «Ahí tenés el dato real porque cotiza en bolsa. La estructura del consumo cambió; quizás el negocio de ropa del centro de San Rafael vende menos, pero es porque la gente compró esas mismas prendas a través de plataformas online o en el exterior», fundamentó.
Asimismo, Garro vinculó la caída en la recaudación fiscal con fenómenos de elusión y cambios en el sistema de pagos. «La caída de la coparticipación que sufren las provincias, como el caso de Mendoza, se explica en parte porque mucho consumo se hace por fuera del sistema formal. Cuando vas a la panadería de barrio y el dueño te pide una transferencia directa para evitar el QR oficial, se eluden impuestos que impactan en la recaudación del IVA», advirtió.
«Eso hace que el número oficial sea negativo, pero no significa de ninguna manera que el consumo no existió; simplemente, el Estado no pudo registrarlo ni cobrarlo», añadió.
El fin de la «licuación» de deudas y el nuevo presupuesto familiar
Finalmente, el entrevistado advirtió sobre el choque cultural de vivir con baja inflación: las deudas ya no desaparecen con el tiempo y los salarios solo subirán genuinamente bajo una condición. «La sociedad se acostumbró a que la inflación diluía las deudas de las cuotas. Hoy, como el IPC cayó, si compraste en cuotas fijas, esa deuda no se achica respecto a tu sueldo y te toma una parte más grande del presupuesto. Hay que reestructurar las finanzas familiares. Además, la reestructuración tarifaria no terminó: hoy el promedio de los usuarios paga entre el 75% y el 79% del costo de la energía; el subsidio sigue ahí y se va a ir retirando hasta 2027.
«La gente tiene que entender que si gasta más en luz, tendrá menos para comer afuera. Y sobre los salarios, todo es verso si no hay inversión: solo aumentan si aumenta la inversión, y ese es un proceso lento que requiere paciencia microeconómica», completó.






