Inflación y tarifas: los desafíos de la economía argentina para perforar el piso del 3 % mensual

La economía argentina transita un sendero de reconfiguración profunda bajo la administración de Javier Milei. Tras una desaceleración inicial, la inflación muestra signos de resistencia en torno al 3 % mensual, presionada por el ajuste de tarifas y la inestabilidad del mercado energético global. Paula Pía Ariet, economista y referente del sector, analizó en diálogo con FM Vos 94.5 los desafíos de un modelo que busca la eficiencia a costa de una transformación drástica de la industria nacional. Para la especialista, la meta debe ser lograr que el país compita en los sectores donde realmente es productivo, liberando a las empresas de la asfixia impositiva estatal.
Para entender por qué la inflación se resiste a perforar el piso del 3 % en este marzo de 2026, Ariet señala cuatro variables críticas que funcionan como vasos comunicantes en toda la estructura de costos. «Hay cuatro precios en la economía que, cuando aumentan, se reflejan durante varios meses hacia adelante. Estos son el dólar —que por ahora se mantiene estable—, las tarifas, los salarios y los combustibles. Hoy tenemos tres de esos cuatro factores presionando al alza», analizó Pía Ariet al inicio de la entrevista.
«Lo más probable es que en abril veamos momentos de inflación un poco más altos. El barril de petróleo está subiendo y eso impacta no solo en el traslado, sino en muchísimos insumos industriales. Es un rezago estacionario muy difícil de cambiar en el corto plazo», agregó.
El impacto de la carne y el factor geopolítico
Más allá de las variables técnicas que monitorea el gobierno, existen componentes simbólicos y factores externos que alteran las previsiones oficiales y condicionan el humor social.
Un elemento central en la medición del costo de vida es el peso de la carne, que tiene una incidencia directa del 5 % en la canasta del INDEC. Sin embargo, Paula Pía Ariet advirtió que su relevancia trasciende lo estadístico: «Para nuestra sociedad, la carne es casi un símbolo. Cuando ese precio se mueve, el impacto en la percepción del consumidor y en el bolsillo es sustancial, funcionando como un termómetro de la inflación real para las familias», explicó.
A esta dinámica interna se le suma el factor guerra que inició EE.UU. e Israel contra Irán, un imprevisto que ha trastocado la planificación económica. «No estaba en los planes un conflicto bélico en Irán, y su impacto en el aumento del petróleo nos obliga a dejar de consumir algo para compensar esos costos», detalló la economista.
Según su punto de vista, este fenómeno genera un efecto contractivo inesperado: aquello que la economía necesitaba reactivar vía consumo termina empeorando por un shock externo que encarece la logística y los insumos básicos.
En cuanto al debate sobre consumo versus inflación, la entrevistada desestimó las recetas tradicionales de inyección de liquidez. «La metodología de poner dinero en el mercado para aumentar el consumo suele generar inflación, que es el impuesto de los pobres porque los obliga a dejar de consumir lo básico», señaló.
Bajo esta premisa, el camino elegido es permitir que el mercado funcione y encuentre su equilibrio de precios, incluso cuando el contexto global se presenta sumamente adverso y presiona sobre la capacidad de compra de los argentinos.

Crecimiento asimétrico: ¿Recesión o reconfiguración?
A pesar de que el Estimador Mensual de la Actividad Económica (EMAE) arrojó un crecimiento del 1,9 % en enero, la sensación de crisis persiste en sectores específicos. Con respecto a este tópico, la economista explicó esta dicotomía a través de la competitividad. «Estamos creciendo de una manera diferente; no todos los sectores ganan igual. Se benefician aquellos donde somos competitivos por naturaleza. Las economías de Mendoza no se ven tan beneficiadas como Neuquén (energía) o Salta (minería) todavía, pero tampoco sufren tanto como las industrias de Buenos Aires», comparó.
«Allí la industria manufacturera está muy golpeada porque se desarrolló durante décadas a costa de productos caros y falta de competencia. Estamos ante una reconfiguración muy fuerte de la matriz productiva argentina y Mendoza debe decidir estratégicamente dónde pararse», añadió.
El dilema de la industria y la apertura comercial
La apertura de importaciones ha reavivado un debate histórico en la economía argentina: el beneficio inmediato en el bolsillo del consumidor frente al desafío de supervivencia que enfrentan las fábricas locales que no logran niveles de competitividad internacional. Para Paula Pía Ariet, plantear esta situación como una elección entre el empleo y el precio es una falsa dicotomía. «No se trata de elegir entre comprar barato o tener trabajo; el enfoque debe ser desarrollar industrias donde realmente seamos competitivos», planteó.
Según su visión, sostener artificialmente actividades ineficientes termina perjudicando al conjunto de la sociedad.
En este sentido, la baja en los costos logísticos funciona como un efecto multiplicador positivo para toda la cadena. «Poder acceder a insumos básicos más baratos, como neumáticos para el transporte, achica los costos operativos de toda la economía. Eso termina favoreciendo y presionando a la baja los precios finales de absolutamente todos los productos que llegan a la góndola», afirmó la experta.
De este modo, la apertura no solo beneficia al consumidor particular, sino que mejora la estructura de costos de otras industrias nacionales que dependen del flete.
Más allá de todo, el análisis destaca que el principal obstáculo no es la competencia externa, sino la asfixia impositiva local. Según la especialista, el verdadero enemigo de la industria no es el producto importado, sino la carga tributaria que soporta la producción nacional. «El socio a medias de todas las empresas es el Estado y es el que las termina asfixiando. Con el sistema impositivo actual, no hay posibilidad alguna de competir de igual a igual con el mundo. El alivio fiscal es la única vía para que la industria argentina pueda reconvertirse y ganar mercados», aseveró.
Un equilibrio necesario para el futuro
El cierre de la entrevista deja una reflexión sobre la necesidad de reformas estructurales que permitan a las empresas argentinas competir de igual a igual con el mundo. «Tenemos que encontrar el equilibrio. La apertura favorece a quien no puede viajar a Chile a comprar más barato, nivela la cancha para el consumidor de a pie. Pero para que eso no destruya empleo, el Estado debe reconocer que las empresas están asfixiadas», manifestó Paula Pía Ariet.
«No hay forma de que las industrias nacionales sean competitivas si el costo impositivo las deja fuera de mercado antes de empezar a producir. La decisión de qué industrias sostener y cuáles transformar es el gran desafío que tenemos por delante en esta nueva etapa del país», sentenció.