Inteligencia y unidad contra la pandemia

La particular y angustiante situación que, por estos días, viven la Argentina, Mendoza y San Rafael con la segunda ola de contagios del tristemente célebre coronavirus ha planteado también voces encontradas entre la sociedad y entre los dirigentes. Las medidas que se toman a nivel gubernamental (con administraciones de distintas ideologías, pero con lógicas que muchas veces –aunque no siempre- son similares) y la evaluación –y, sobre todo, el acatamiento- de las mismas por parte de la población civil son por estos días objeto de hondas controversias.
Quizás desde la llegada de la pandemia a estas tierras el fenómeno fue así, pero hoy se vive con particular profundidad. Más allá de las evidencias científicas, muchos (demasiados) actores sociales prefieren seguir alimentando su sesgo de confirmación frente a una situación que tiene en vilo a la humanidad en su conjunto. Desde posiciones tan extremas como ilógicas hasta microdiscusiones acerca de si una medida en pos de evitar más contagios es acertada o no, casi todo ha vuelto a ser parte de las polémicas que a diario protagonizamos los argentinos.
Basta con escuchar solo dos voces para encontrar las respuestas a los interrogantes sociales, económicos, políticos, culturales o los relacionados con la salud pública. Para los acostumbrados a esa zona de confort, no hay nada más tranquilizador que moverse dentro del esquema binario, donde todo el esfuerzo intelectual se limita a tomar partido por una posición u otra.
En rigor, ese tipo de pensamiento es más práctico y útil para problemas sencillos. Pero cuando la decisión a tomar puede tener consecuencias graves, entonces se debe ir más allá y analizar muchas variables. En otras palabras, para reducir riesgos será necesario comprender los matices y salir del esquema binario que no demanda mayor esfuerzo mental.
Luchar contra la pandemia es de tal complejidad que no podemos ni debemos guiarnos por el pensamiento simple. No queda otra que hacerse cargo de esa complejidad y prepararse para aportar soluciones (y no gritos inútiles) a los desafíos que plantea este momento aciago.