Inundar la zona: a río revuelto…

Desde la asunción del mileísmo, la realidad argentina depara, a diario, novedades que vienen a poner en la discusión social decenas de tópicos. Desde el célebre megadecreto 70/2023, dictado diez días después de asumir, pasando por la hipertrófica “Ley Bases” y transitando por cada uno de los miles y miles de anuncios que en este casi año y medio de poder ha hecho el Ejecutivo Nacional para, como afirma, “cambiar la historia”, todo hunde a la sociedad argentina en una permanente incertidumbre.
Lo que comienza a hacerse evidente es que dicha política no es azarosa ni original. Steve Bannon, ex asesor del inefable mandamás estadounidense Donald Trump, popularizó la expresión “inundar la zona con mierda” para describir la estrategia de sobrecargar a la prensa y a la ciudadanía con información excesiva, dispersa y en muchos casos contradictoria, con el fin de generar confusión y desgaste en quienes intentan fiscalizar al gobierno. Al bombardear con múltiples anuncios y reformas, el gobierno logra que los debates se fragmenten y se pierda el foco en cuestiones específicas, lo que le otorga mayor margen de maniobra. Trump la aplicó en su primer mandato y, ahora, vuelve a utilizarla.
Así llegan tres instrumentos ayudados por las nuevas formas de comunicación: la post verdad, las fake news y las teorías del complot, que buscan generar un estado de ansiedad sin precedentes. Buscan que la mayoría de sus electores habite mentalmente una “realidad” que sea inmune a los datos, a los argumentos y a los hechos.
Vivimos a un ritmo aceleradísimo, con ciudadanos paralizados ante tanto estímulo, y un creciente desprecio por las formas tradicionales de la democracia liberal (los contrapesos, las instituciones independientes, los protocolos). La clásica correa de transmisión entre el poder, los medios y la ciudadanía está rota. El juego ahora es diferente y quizás -el tiempo dirá- demasiado peligroso.