Italia dejó desembarcar a los 137 inmigrantes pero la crisis continúa

En la madrugada de ayer fueron desembarcados los últimos 137 africanos que desde hace diez días estaban a bordo de la nave Diciotti de la Guardia Costera, que había rescatado a 196 inmigrantes el 15 de agosto. Lo autorizó el ministro del Interior, Matteo Salvini, que había impedido el ingreso de los prófugos si Europa no aceptaba redistribuirlos en países de la Unión Europea. No fue una victoria para Salvini, líder de la Liga Norte y campeón de las posiciones de extrema derecha soberanista y euro escéptica, pero al menos evitó una sonora derrota.

En varias operaciones habían sido desembarcados 59 africanos en Lampedusa y en Catania por diversas enfermedades y porque Salvini, presionado, aceptó que pudieran ingresar a Italia once niños y adolescentes no acompañados, en precarias condiciones de salud.

La solución llegó por la intervención del canciller Movero Milanesi, quien tras la cerrada negativa de la Unión Europea de ceder a las amenazas de Salvini y del otro líder del gobierno populista, Luigi Di Maio, que dijo que Italia no pagaría sus 20 mil millones de euros de contribuciones a la UE, logró el “sí” de dos pequeños países. Uno, Irlanda, miembro de la comunidad europea, el otro Albania, que no forma parte pero aspira a entrar en la UE. Cada uno recibirán a 20 africanos.

En cambio la Iglesia italiana se hará cargo de un centenar de prófugos. Los obispos se estaban movilizando y proyectaban ir al barco Diciotti y unirse a la huelga de hambre que hasta ayer hicieron los 137 africanos que quedaban en el barco, del que horas antes fueron desembarcadas 11 mujeres, todas violadas en Libia, según constataron los médicos italianos y seis adultos que contrajeron la tuberculosis o sufrían de pulmonía.

El fiscal de Agrigento Luigi Patronaggio acusó ayer formalmente al ministro Salvini de secuestro de persona, arresto ilegal y abuso de funciones. Patronaggio pasó la jornada interrogando a funcionarios del ministerio del Interior para determinar las responsabilidades de Salvini.

“El Capitán”, como lo llaman sus partidarios, casi se mostró contento ante las crecientes filas de sus partidarios por el procesamiento. El diario La Repubblica señala que en Pinzolo, en el norte italiano, donde pasa sus vacaciones veraniegas, dijo a ministros y subsecretarios del gobierno que lo circundaban, que todo favorece sus planes. “Tardo un momentito en llevar a todos a las elecciones y convertirme en el primer ministro. No me para un fiscal, los italianos están conmigo. Si vamos a votar, me agarro Italia”.

Salvini agradeció a Irlanda, Albania y la Iglesia italiana, pero se olvidó que ha siempre un gran opositor al ingreso de Albania (país musulmán) en la Unión Europea. Y con la Iglesia sus relaciones son cada vez peores. Hace un tiempo visitó al cardenal Raymond Burke, el principal conspirador de ultraderecha contra el papa Francisco, y salió del encuentro afirmando con desparpajo “la Iglesia me pide que vaya adelante”. Burke y Salvini tienen en común sus ideales ultra derechistas y su pasión política por el liderazgo del presidente norteamericano Donald Trump.

La situación de casi guerra con la Unión Europea sigue intacta y según algunos analistas, sobre el gobierno se abate un ciclón, cuyas consecuencias se apreciarán en setiembre, cuando broten problemas económicos difíciles.

El “spread”, que es el termómetro del riesgo país, está subiendo continuamente y según una parte de los economistas puede llegar al nivel alarmante de 400 si continúa la fuerte salida de capitales de Italia y se produce una colisión esperada con la Unión Europea, en caso que el gobierno de Roma pretenda financiar con déficit sus operaciones financieras y perfore el 3% de déficit de sus cuentas públicas. Italia tiene una enorme deuda pública de 2,3 billones de euros y en 2019 deberá encontrar 400 mil millones de euros para financiar los bonos del tesoro en vencimiento. Actualmente hay negociaciones con China para que suscriba bonos de la deuda pública y también con Rusia se gestiona una garantía sobre la deuda pública italiana. Esta versión no es considerada seria.

La ayuda eventual más espectacular la comentó el primer ministro Giuseppe Conte. Dijo que en la última visita que le hizo a Trump en Washington, el presidente le ofreció comprar la deuda italiana del año próximo. El riesgo país crece en Italia y las compañías de “rating” se muestran cada vez más desconfiadas en la solidez de los títulos de la península. Es mas bien dudoso que Trump logre consenso si anuncia una compra, de un saque, de 400 mil millones de dólares.