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Juan Barroso, veterano de Malvinas: «Tuve el honor de haber participado en la Gesta»

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En estos días previos al 40° aniversario de la gesta de Malvinas, vamos conociendo a través de las entrevistas a los protagonistas, aspectos que normalmente nos pasan de largo al recordar la toma y recuperación del archipiélago. Es así como cada uno de los que allí estuvieron tienen su propia historia vinculada a lo que fue, y es, una causa nacional.
Desde FM Vos (94.5) y Diario San Rafael, entrevistamos a uno de los quince veteranos de guerra que viven en San Rafael, Juan Barroso. “Tuve el honor de haber participado en la gesta de Malvinas. Llegué el 13 de abril y mi primer destino fue Puerto Argentino. Mi grado militar en ese momento era el de Cabo. El dos de abril, luego de una licencia, me preparaba en mi casa para volver al cuartel, y a las cinco de la mañana me enteré por la radio de que habíamos recuperado las Islas. En ese momento sentí mucho orgullo, pero no me imaginé que podríamos entrar en guerra, y mucho menos que a mí me iba a tocar ir. Lo cierto es que cuando llegue al cuartel me informaron que debíamos formar una compañía de 160 hombres porque teníamos que ir a Malvinas. Esto implicaba preparar los elementos y armamentos para el combate. Estuvimos varios días así, hasta que el 12 de abril nos llevan al aeropuerto de El Palomar, y embarcamos en un Boeing los ciento sesenta hombres. El avión no tenía asientos y viajábamos espalda contra espalda junto a nuestro pertrechos. Después de una hora de vuelo, ya de noche, aterrizamos en Río Gallegos, pero no sabíamos dónde estábamos. Era un aeropuerto, pero con la oscuridad y las ganas de descansar no sabíamos a dónde habíamos ido. Fueron largas horas hasta que a las tres de la mañana apareció una cocina de campaña con mate cocido y bollos de pan, vino bien para calentarnos un poco porque hacía mucho frío».

Muchos militares de grado no quisieron combatir en esa montaña y tuve que pelarme e insultarme con algunos para que me permitieran tirar


Barroso continuó explicando que «En determinado momento llegó un avión desde Malvinas, bajó un general, no se su nombre, nos preguntó qué compañía éramos y nos dijo: ustedes embarcan inmediatamente para Malvinas. El vuelo fue corto y alrededor de las cinco y media de la mañana aterrizamos en Puerto Argentino. El problema antes de salir fue la preocupación de los soldados por no poder avisar a sus familias. Imagínense que hace 40 años no había celulares y en ese lugar tampoco teléfono. Los suboficiales tratábamos de consolar a los soldados diciéndoles que nosotros tampoco podíamos despedirnos de nuestros seres queridos, y que cuando llegáramos a Malvinas podríamos escribir cartas para avisar dónde estábamos”.
Juan Barroso prosiguió: “La mayoría de los soldados que estuvimos en la Isla tuvimos enfrentamientos armados. Algunos a larga distancia, otros ataques fueron aéreos, también sufrimos bombardeos navales. Para algunos las situaciones vividas fueron más críticas que para otros; en una guerra nada es fácil. Mi destino fue la montaña Dos Hermanas, y ahí si fue complicado porque entramos en combate con morteros. Se dieron las cosas para que yo pudiera rescatar a varios compañeros y cubrir el repliegue de ciento cuarenta hombres. También apoyamos con fuego a otra compañía que estaba siendo atacada en el sur de la montaña Dos Hermanas. Les estaban moliendo la montaña y escuchábamos gritos, lamentos, órdenes, insultos de los dos bandos; el jefe de mi compañía se fue, quedamos pocos en ese lugar defendiendo a los compañeros atrapados por el fuego enemigo, que poco a poco se pudieron replegar. El tiro de mortero alcanza los ochocientos o novecientos metros, y es un tiro curvo porque se tira por encima de tu tropa para llegar al enemigo. De esa forma los cubrimos para que se pudieran replegar. Estábamos combatiendo a pecho descubierto y podía caer un oficial, un suboficial o un soldado. Las balas no eligen a quién le pegan”.
Finalizando, Barroso reflexionó sobre el momento de la rendición. Emocionado nos dijo “no fue fácil; todos los que estuvimos combatiendo intentamos defender las Islas, pero no pudimos. Hubo héroes y otros que no estuvieron a la altura. Muchos militares de grado no quisieron combatir en esa montaña y tuve que pelarme e insultarme con algunos para que me permitieran tirar. Un subteniente, jovencito, me apoyó para que tiráramos con todo lo que teníamos…la rendición fue algo muy difícil de asumir; cuando te has estado jugando la vida es muy triste ver que arrean tu bandera, y en mismo mástil izan la de tu enemigo…” cerró la entrevista este héroe de la gesta.

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