La amígdala cerebral en la política

La amígdala cerebral es un conjunto de núcleos neuronales localizados en la profundidad de los lóbulos temporales, que se ocupan del procesamiento de la memoria, asociado a la emoción y a la consolidación de la misma.
Un estudio reciente ha demostrado que las imágenes emotivas preparan a nuestro cerebro a recordar mejor las cosas. Es decir, cuando se ha de recordar algo neutral, lo hacemos mejor tras exponernos a imágenes emocionales. Y es que nuestro cerebro se modula según las experiencias que hemos acumulado previamente. Esto significa que los recuerdos con connotaciones emocionales son mejor recordados y es la amígdala cerebral la que se ocupa de los mismos.
Investigadores británicos del University College de Londres explicaron tiempo atrás que la repetición y escalada de las mentiras insensibilizan la amígdala cerebral y que la repetición de esta conducta anima a engañar más aún en el futuro.
Lo especialistas ingleses confirmaron que la amígdala se activaba cuando las personas mentían para lograr un beneficio, pero la respuesta de la amígdala a la mentira disminuía con cada mentira mientras la magnitud de las mismas aumentaba. La explicación que dan es que la amígdala produce una sensación negativa que limita el grado en que estamos dispuestos a mentir, pero que a medida que se miente más, esta respuesta se desvanece y cuanto más se reduce esta actividad, más grande será la mentira que nuestro cerebro acepte.
Hoy, en Santa Fe, los seis candidatos a presidir nuestro país a partir de diciembre estarán cara a cara, expondrán sus propuestas, debatirán y, seguramente, intentarán captar voluntades con promesas a futuro para “mejorar el país”. Nuestra amígdala cerebral se ha ido acostumbrando a las mentiras proselitistas pero, afortunadamente, muchos argentinos aún pugnamos por no ser engañados a la hora de elegir nuestros representantes. Claro, a veces la mentira es más fuerte y, desgraciadamente, solo lo podemos comprobar cuando el engaño ya ha producido sus efectos.