El reciente informe de la Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME) expone una realidad ineludible y alarmante: las ventas minoristas de las pymes han registrado en marzo su undécimo mes consecutivo de retroceso. Con una caída interanual del 0,6% y un acumulado del 3,6% en el primer trimestre del año, el escenario económico actual se configura como un laberinto de difícil salida para el sector comercial.
Este fenómeno no es una anomalía aislada, sino la consolidación de una tendencia que comenzó en mayo de 2025. Desde entonces, el gráfico de actividad no ha hecho más que descender, evidenciando un deterioro persistente del poder adquisitivo. En nuestra región, el impacto se siente con una intensidad particular.
En San Rafael, la crisis de las pymes no es solo una estadística fría; se traduce en el cierre de persianas comerciales y en una creciente incertidumbre sobre la sostenibilidad del empleo local.
El análisis pormenorizado por rubros revela la profundidad de la retracción. Sectores vinculados al consumo postergable, como Perfumería (-9,8%) y Bazar y decoración (-8,3%), lideran las mermas. Incluso rubros esenciales como Alimentos y bebidas muestran una contracción interanual del 0,9%, señal de que las familias están ajustando sus presupuestos hasta en lo más básico. Solo Farmacia y Ferretería lograron mostrar leves signos positivos, impulsados más por necesidades de salud y mantenimiento urgente que por una verdadera reactivación del mercado.
Más allá de los números de ventas, lo que verdaderamente preocupa es el deterioro de las condiciones operativas. El aumento desmedido de los costos fijos —servicios públicos, combustibles y logística— está canibalizando los márgenes de rentabilidad de los comerciantes locales. En este contexto, no resulta extraño que casi el 60% de los empresarios pyme considere que el escenario actual no es apto para nuevas inversiones.
La situación exige una mirada crítica sobre las políticas de reactivación que, hasta el momento, parecen no llegar al bolsillo del ciudadano de a pie. Mientras el financiamiento con tarjetas de crédito se convierte en el último recurso para sostener el consumo, el comercio de proximidad en San Rafael enfrenta el desafío de adaptarse a una modalidad mixta de venta para sobrevivir. Sin embargo, la supervivencia no puede ser el único horizonte para un sector que representa el motor productivo y el mayor generador de empleo de nuestra comunidad.







