La autopsia del general Belgrano

Muerto el general, los médicos que lo asistieron, Redhead y Sullivan, decidieron hacer una autopsia. Esta fue realizada por el Dr. Sullivan. Al abrir el cuerpo, se demostró que existía gran cantidad de líquido en el abdomen (ascitis) y que el hígado se presentaba duro y aumentado de volumen, al igual que el bazo. Los pulmones estaban colapsados y el corazón era de un volumen «pocas veces visto».

El diagnóstico de cirrosis se impuso, aunque se sospecha la presencia de un carcinoma hepático que suele presentarse en hígados cirróticos. Estamos acostumbrados a asociar cirrosis con alcoholismo, sin que necesariamente sea así y menos aún en este caso. La cirrosis reconoce muchas causas y, entre ellas, el paludismo es una de las más frecuentes. Belgrano estaba afectado por fiebres terciarias propias del paludismo.

Además, había sufrido sífilis pero ésta no llegó a manifestarse justamente porque la hipertermia suele actuar como neutralizante al treponema pallidum, el germen causante de la sífilis.

El hábito de los afectados por insuficiencia hepática suele ser característico. No tienen vello ni en el tronco, ni en las axilas, mientras que el bigote, la barba o el cuero cabelludo pueden ser normales o poco poblados debido al trastorno en el metabolismo de las hormonas sexuales. Generalmente tienen el abdomen distendido y suelen padecer vómitos de sangre por várices esofágicas (como las que tuvo Belgrano antes de la Batalla de Tucumán).

GRAN CORAZON

El Dr. Dreyer, en un trabajo rescatado por el Dr. Orozco Acuaviva de 1994, sostiene que Belgrano además sufría de una valvulopatía reumática aórtica que condice con la descripción de Sullivan sobre el gran corazón del prócer.

A todas las dificultades políticas y militares que Belgrano debió sortear en vida, debemos agregar sus problemas de salud, que el general supo afrontar con el mismo coraje e hidalguía con el que enfrentó al enemigo en el campo de batalla.

El delicado aspecto del general siempre daba una impresión de rasgos feminoides o aniñados, la cara redondeada y el cutis lampiño. Los botones tensos de sus ropas daban la impresión de que el general estaba algo excedido en asados y dulce de leche, pero no era así, la retención de líquidos por la insuficiencia hepática lo mantenían hinchado, atenuando sus arrugas y manteniendo su vientre distendido, además de alterar el metabolismo de las hormonas sexuales que le otorgaban ese rostro lampiño, como se refleja en los retratos que se le hicieron.

Fuente: La Prensa