La construcción atraviesa una de sus crisis más profundas por la caída de la obra pública y la falta de crédito

El presidente de la Confederación de Pymes Constructoras advirtió sobre la fuerte pérdida de empleo, el impacto del retiro del Estado nacional y las dificultades que enfrentan provincias y municipios para sostener inversiones en un contexto de recesión y caída de la recaudación.
La industria de la construcción en la Argentina atraviesa un escenario crítico que combina pérdida de puestos de trabajo, freno de la obra pública, falta de financiamiento y un mercado privado que no logra traccionar. Así lo expuso el presidente de la Confederación de Pymes Constructoras, Gerardo Fernández, quien analizó la situación actual del sector y explicó las causas que derivaron en la caída registrada hacia fines de 2025, con especial impacto en noviembre, según los últimos datos oficiales disponibles.
Fernández planteó que el problema no es reciente y que, para comprender el presente, es necesario mirar el recorrido histórico de la actividad. “Venimos festejando cuando llegamos al máximo histórico de empleados registrados, y resulta que ese máximo histórico es el de hace casi 20 años”, señaló a Diario San Rafael y FM Vos 94.5. En ese sentido, remarcó que “hace casi 20 años que, pese al crecimiento vegetativo de la población, la industria no logra superar los 350.000 o 400.000 empleos registrados en blanco”, lo que evidencia una dificultad estructural del sector para crecer de manera sostenida.
El dirigente explicó que el segundo golpe fuerte llegó con el cambio de administración nacional que preside Javier Milei, cuando se produjo un freno total de la obra pública. “Ante el cambio de gobierno, se retrajo en el 100% la obra pública nacional”, afirmó, y agregó que a esa decisión se sumó un contexto de especulación y aumentos de precios que no respondían a una lógica real, sino al temor frente al nuevo escenario económico. “Eso llevó a que se encareciera el metro cuadrado y se afectara tanto la obra pública como la privada”, indicó.
Las consecuencias fueron inmediatas en términos laborales. Según detalló, “se perdieron entre 130.000 y 150.000 puestos de trabajo registrados, y si se suman los colaterales no registrados, se calcula que se llevaron unos 250.000 puestos de trabajo”. Si bien en los meses posteriores hubo una recuperación parcial, Fernández fue claro al señalar que “nunca se volvió a los niveles históricos”, y que cada leve mejora se celebraba como un logro en un contexto extremadamente frágil.
Con el retiro del Estado nacional, provincias y municipios intentaron sostener parte de las obras paralizadas, aunque con resultados dispares. “Cuando se retira la Nación, las provincias y los municipios intentan hacerse cargo y reflotar esas obras abandonadas”, explicó, aclarando que la respuesta no fue homogénea debido a la diversidad económica y fiscal del país. Sin embargo, esa estrategia comenzó a mostrar límites a mediados de 2025, cuando cayó la recaudación y, con ella, la coparticipación federal.

Fernández precisó que “a mediados de 2025 empezó a resentirse la coparticipación de las provincias, con caídas promedio de entre el 20 y el 25 por ciento”, lo que obligó a los gobiernos locales a ralentizar obras. “Hay gastos que no se pueden dejar de afrontar, como salarios, salud y educación; entonces, lo primero que se resiente son las inversiones de capital, y la construcción está dentro de ese rubro”, explicó. Ese impacto, aclaró, se reflejó en los registros con cierto retraso estadístico, lo que explica la caída visible en noviembre y la expectativa de números similares en diciembre.
Otro de los factores que influyen en la crisis es el comportamiento de los precios de los materiales. Fernández describió una situación “anacrónica”, en la que los proveedores aseguran no haber tenido aumentos, pero los valores siguen siendo elevados en términos reales. “A fines de 2023 y principios de 2024 habíamos quedado con un valor del metro cuadrado en dólares muy por encima de la media histórica”, sostuvo, lo que afectó de lleno a la obra privada.
La falta de crédito hipotecario aparece como una de las principales trabas para la reactivación. “El crédito para vivienda no existe en la Argentina desde hace muchos años”, afirmó Fernández. Si bien recordó el rol que tuvo el PROCREAR en su momento, aclaró que se trataba de líneas subsidiadas por el Estado, sin participación de la banca privada. En la nueva etapa, explicó, los intentos de relanzar créditos fueron mínimos. “Se habla de entre 500 y 800 créditos en todo el país, que no movieron nada y desaparecieron rápidamente”, afirmó.
En ese contexto, los desarrolladores privados enfrentan un mercado que no convalida los costos actuales. “Un departamento que hoy cuesta construir entre 60.000 y 70.000 dólares, el mercado lo convalida en 50.000 o 55.000”, ejemplificó. “Si lo vende, lo hace a pérdida para mantener la estructura, pero hoy no es rentable”, remarcó, explicando por qué el sector privado tampoco logra traccionar empleo de manera significativa.
Fernández señaló que existen actividades puntuales que sí generan movimiento, como la energía, la minería y el petróleo, aunque advirtió que se trata de una recuperación desigual. “Es una tracción engañosa”, afirmó, y explicó que “en Vaca Muerta vive apenas el 0,02% de la población”, mientras que en gran parte del país la incidencia sigue siendo negativa. También destacó la caída a “mínimos históricos” de la construcción de viviendas sociales y de los institutos provinciales de vivienda, lo que deja a muchas pymes sin su principal nicho de trabajo.
De cara al futuro, el dirigente sostuvo que el sector mantiene expectativas, aunque con cautela. “Las pymes siempre nos levantamos creyendo que el mañana va a ser mejor y nos reinventamos”, expresó. Señaló que la estabilización macroeconómica es una condición indispensable para que vuelva el crédito, y que algunos valores, como el del metro cuadrado, comenzaron a acomodarse en términos reales. También mencionó la apertura de importaciones como un factor que abarata insumos, aunque genera tensiones con la industria nacional.
Sobre ese punto, Fernández planteó la necesidad de equilibrio. “La industria nacional protegida tampoco nos sirve si vale el triple que en el exterior”, afirmó, y llamó a analizar costos, impuestos y estructura laboral para evitar distorsiones. Finalmente, describió un cambio profundo en la lógica del mercado. “Antes el negocio era el stock, ahora es el flujo”, explicó, y concluyó: “Hoy tener mercadería guardada no sirve; el negocio está en vender y mover, no en acumular”.